Claro que sí. Hasta 1950 Colombia era un país rural, donde era común que los hombres anduvieran sin zapatos o que los usaran solo para ir a misa. Las mujeres, flexibles para adoptar nuevas ideas, decidieron ponerse botas y botines mucho antes… ¿Cómo lo sabemos?

34 hombres y una mujer

por FEDERICO RUIZ • Archivo Fotográfico BPP

Número 128 Abril de 2022

Grupo Medicina, por Fotografía Rodríguez, 1946.

Es 1946 y están a punto de graduarse en Medicina. Todos importan, pero ella mucho más. En una época de dogmas según los cuales las mujeres tenían el destino marcado (el hogar, el esposo, los hijos), Klara Glottman eligió las ciencias. ¿Quién fue?

Hace ochenta, noventa o cien años había opciones (no muchas, pero había). Algunas mujeres fueron obreras en las fábricas de tejidos; otras estudiaron secretariado, mecanografía o contabilidad en la Escuela Remington; otras eligieron la vida religiosa con sus viajes y aventuras llevando la cristiandad a Tombuctú; algunas prefirieron avanzar en lo social ingresando a las asociaciones femeninas; otras, a la Escuela Doméstica de Medellín donde aprendían desde cocina y planchado hasta horticultura y repostería; otras eligieron un camino en el que las oportunidades para las mujeres eran escasas: entre ellas, Klara.

Para ser aceptada en una profesión “tradicionalmente masculina”, además de cambios en el sistema educativo, Klara contó con el apoyo de su familia (provenían de Europa, donde las mujeres ya incursionaban en el campo científico) y con el de un decano con mentalidad abierta. “Preséntese”, le dijo. En ese entonces (además de las calificaciones, fotos, pagos y la aprobación del examen) se requerían certificaciones morales: las mujeres debían acreditar que no vivían solas o con sus hermanos, que no vivían en hoteles, pensiones o apartamentos y que su colegio respaldaba su idoneidad moral. Klara ingresó en 1941 a la facultad de Medicina. No fue la única mujer, pero sí quien llegó más lejos.

Con ella se matricularon Clara Uribe y Ligia Montoya. Solo se graduó Klara, en 1946, tras superar prejuicios y burlas de sus compañeros: la llamaban Klara Glúteos, según cuenta el anestesiólogo y escritor Tiberio Álvarez en su libro Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia, ciencia y presencia en la historia 1871-2016. También superó el antisemitismo: los judíos llegaban a ser blanco de insultos, como lo narra Héctor Abad en El olvido que seremos (aclarando que en general Medellín ha sido una ciudad amable con esta comunidad). Luego de graduarse, Klara fue a Harvard. Se especializó en endocrinología ginecológica.

Aunque se avanzaba hacia sociedades más igualitarias, “no todas pudieron lograrlo. Bachilleres recién graduadas fueron presionadas para volver a sus hogares, dejando el desarrollo profesional a los hombres”, como lo cuenta la revista Semana en un artículo sobre la historia del voto femenino en Colombia. Otras mujeres, quizá con más suerte, más ingresos y más vocación, fueron abriéndose paso hacia la siquiatría, pediatría y obstetricia. Para ellas, Klara fue inspiración.

por JUAN FERNANDO RAMÍREZ ARANGO // En el imaginario colectivo, el Palacio estaba marcado por la tragedia desde que, en 1951, un ciudadano alemán se lanzó al vacío desde una de sus torres, “ejemplo que muchos fueron siguiendo con el tiempo”, convirtiendo al quinto piso del Palacio en el epicentro de los suicidios de Medellín, con más de sesenta casos registrados hasta 1990.

por ESTEFANÍA CARVAJAL // Encontrar un buen sumiso no es cosa fácil. O mejor: encontrar un buen sumiso para uno no es cosa fácil. No a todo el mundo le gustan las mismas cosas. El mundo kinky es complejo por lo específico. Hay masoquistas a los que les gusta el dolor, pero no les gusta seguir órdenes, por ejemplo. Por eso no sirven de sumisos.

por PAULA CAMILA O. LEMA // Era tan lindo al principio… Aunque nunca me dejó cortarle el pelo por quién sabe qué delirio de Sansón paturro, me enternecía ver cómo se esforzaba por complacerme, haciéndome venir con furiosa ternura, regalándome plantas florecidas, dándome de comer sánduches de pollo que debía preparar con mucho asco, él que es vegetariano desde hace tantos años.

por EDUARDO ESCOBAR // Mi muy amado Jaime. No estoy muy seguro de que podás leer esta carta, pero no es imposible. Después de todo, tal vez es cierta la afirmación de Jean Cocteau al decir que los poetas no mueren, solo fingen morir.

por JUAN FERNANDO RAMÍREZ ARANGO // Ancón sigue sonando y tronando. Es un mito nebuloso. Buscarlo en la prensa vieja logra que se oigan algunos ecos de sus bandas recién creadas y sus contradictores que son joyas de anticuario. Aquí encontrarán las versiones acústicas y en estudio. Habrá barro y humo.

por MAURICIO LÓPEZ RUEDA // Cuenta don Fernando Restrepo Restrepo Restrepo que el bar Perro Negro emergió de la Plaza Cisneros por allá en 1917, como una agencia de abarrotes donde podían comprarse escopetas, revólveres y dinamita; y donde los temerarios podían empujarse tragos de ron o aguardiente antes de marcharse a fusilar a sus enemigos.

por SEBASTIÁN MEJÍA // A pesar de lo que dice la prensa, Elkin alcanzó a disfrutar del domingo: se despertó muy temprano, se bañó y se comió alguna cosa hasta que comenzó a abogar por sus amigos más cercanos para avisarles que se sentía muy mal, que le faltaba el aire.

En medio del océano de imágenes que conserva el Archivo Fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto hay un mar de parejas posando juntas frente a la cámara. Y entre todas ellas, hay solo una que incluye —además de un hombre y una mujer— una lora. Pero, ¿cómo pasó esto que vemos?