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por MARÍA ALEJANDRA BUILES // En las primeras décadas del siglo XX oleadas de mujeres de la clase baja caminaron a pie limpio, con costales a cuestas hasta llegar a la ciudad en busca de empleo. La joven fémina destacada por su fuerza y vigorosidad fue el prototipo femenino preferido para los empresarios emergentes con anhelo de progreso industrial.

Noticias del desastre

Archivo Fotográfico BPP

Número 112 Diciembre de 2019

Esta imagen de uno de los incendios del Parque de Berrío hace parte de los elementos identificados en el proyecto Inventario del patrimonio fotográfico mueble en Medellín que realiza la Biblioteca Pública Piloto. Fotografía de Benjamín de la Calle.

El Parque de Berrío, en Medellín, solía incendiarse con mucha frecuencia. Las lenguas largas de café y aguardiente aún se despachan en hipótesis materialistas y mercantilistas para explicar esa vocación por el fuego de la plaza del comercio principal, que rara sí resulta, pero no viene al caso mencionarlas acá, sobre todo con la boca tan seca y la mente tan sobria. Lo que sí es del caso es que, por la razón que fuera, el Parque de Berrío se quemaba tanto que para los fotógrafos locales se convirtió en una rutina ir a retratar las ruinas. Casi podría hacerse una iconografía: el incendio del 12, el del 16, el del 21, el del 59… quién sabe cuántos más. Total que los escombros humeantes se convirtieron en un motivo fotográfico y no tardó mucho para que los fotógrafos empezaran a vender tarjetas postales como suvenires.

Uno de esos incendios, el de octubre del año 1921, para ser precisos, lo usó un enamorado para enviar a Bogotá las noticias de su propio desastre. “Querida Emilia: Estas son las ruinas de dos edificios, derruidos por las llamas, quisiera poder enviarle también un corazón derruido con la ausencia de lo que más quiere en el mundo, pero ningún fotógrafo se atreve a tomar esa vista, no quieren quedar mal, no quieren mostrar tan atroces escombros. Adiós Emilia, este es su corazón”. Firma al pie de la nota el hombre que, como bien puede leerse, es un alma consumida y agónica entre fuegos de desamores y nostalgias, pero cuya rúbrica intencionalmente omitimos para picar de duda al lector y cubrir con velo de anonimato las astucias de este amante.

Tarjeta postal con revés manuscrito.

Años mozos

Archivo Fotográfico BPP

Número 84 Marzo de 2017

María Cano y sus primas.

Alguna vez todos fuimos jóvenes. Sin embargo, en la iconografía de personajes célebres por lo general abundan las imágenes de la adultez. Estos sujetos aparecen siempre retratados muy bien puestos y trajeados, adustos y serios, con el rostro que queda después de años y años de vida compleja. O de caminos fáciles y placenteros, porque la pura dicha también moldea. En últimas, no tenemos la cara que nos tocó, sino la que nos forjamos.

Aquí presentamos a dos personajes a quienes solemos ver muy curtidos. Por un lado estamos acostumbrados a María Cano en su versión de agitadora social, con el pelo corto, quieto, y el rostro más bien duro. Y por el otro, al fotógrafo Benjamín de la Calle, caracterizado como si no viviera en Guayaquil sino en Montmartre, con sobrero bombín y chaleco de terciopelo. Pero aquí los vemos antes de todas las hazañas y las desgracias. La Cano, de pie en el grupo de tres, es apenas una doncellita en traje. Por su parte, Benjamín, si se le quita el bigote, a duras penas resiste el título de señor. Ambas fotografías son retratos hechos por Melitón Rodríguez y hacen parte de la colección patrimonial del Archivo Fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

Benjamín de la Calle.

El caso Rosa Emilia

por REDACCIÓN UC

Número 45 Mayo de 2013

Hace unos días la prensa barranquillera relató el caso de Rosalinda, una travesti capturada bajo cargos de secuestro, extorsión y tortura. Los reporteros no resistieron la tentación de decir que Geovanni Alberto Lambraño se escondía bajo el disfraz de Rosalinda para evadir la justicia. En 1912 la revista Progreso reseñó el caso de Rosa Emilia Restrepo, quien supuestamente robaba como empleada en el día para beber como varón en las noches. A pesar del progreso, periódicos y noticieros no han cambiado mucho su versión sobre las travestis.

Mujer/Hombre
Fotógrafo: Benjamín de la Calle
Personaje: Rosa Emilia Restrepo o Roberto Durán
Año: 1912
Archivo BPP
Mujer/Hombre
Fotógrafo: Benjamín de la Calle
Personaje: Rosa Emilia Restrepo o Roberto Durán
Año: 1912
Archivo BPP

La policía descubre a un hombre que viste traje de mujer. Por sus facciones, modales, voz, es casi imposible distinguir el sexo masculino. Tenía aviso la policía de que una mujer que parecía hombre, se colocaba como sirvienta en casas de esta ciudad y después desaparecía, recayendo sobre ella algunas sospechas. Ayer por la mañana se la capturó y fue conducida a la comandancia, donde examinada por los médicos oficiales fue reconocida como varón. Al interrogarla dijo llamarse Rosa Emilia Restrepo y protestó no ponerse el vestido que corresponde a su sexo, porque su madre siempre la vistió como mujer, desde niña. El detenido tiene facciones finas; es blanco, imberbe, usa cabello como de mujer, pelo recortado y dijo ser de Entrerríos. Cuando hubo entrado a la cárcel, se le condujo a una pieza, donde se le quitó el vestido de aldeana y se le dieron unas prendas de vestir de hombre que él rechazó.

Tomado de la revista Progreso, 1912.

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