Irreverencia en tiempos autoritarios
A propósito del aniversario 33 del asesinato de León Zuleta
por FELIPE CARO ROMERO • Instituto de Historia Marika de Bogotá
Exclusivo web Septiembre de 2026
En uno de los textos que escribió antes de ser asesinado, León Zuleta se rehusaba a que se usara su nombre para bautizar algún proyecto político específico. Argumentaba que, como anarquista, no le interesaba el reconocimiento personal sino el avance de la lucha contra la opresión del pueblo trabajador. Por encima de su propio ego estaba el proyecto colectivo, un proyecto al que le dedicó toda su vida y finalmente lo llevó a la muerte.
Esta petición, una conclusión lógica del giro ácrata de Zuleta en su vida adulta, no fue (ni ha sido) tomada en cuenta por la plétora de proyectos políticos y artísticos que han usado su nombre supuestamente como homenaje pero desconociendo realmente su vida y sus posturas políticas. Tristemente ese es el legado más grande de esta figura: el uso y abuso de su nombre.
Pero si nos asomamos a leerle, a estudiar su obra y sobre todo a seguir sus andares, nos topamos con alguien interesado en la transformación social absoluta y en la eliminación de todas las formas de opresión. Lejos de ser “el padre del activismo LGBTIQ”, Zuleta era un intelectual irreverente que se propuso entender y transformar su realidad, una realidad llena de prejuicios, violencia e ignorancia.
A 33 años de su asesinato, vale la pena recordar tres elementos de su vida que nos pueden servir para enfrentar el crecimiento del movimiento reaccionario en Colombia y el mundo.
Por un lado, el antiautoritarismo que le acompañó toda su vida. Se dice que perteneció a la JUCO y que fue expulsado de allí. Aunque se repite que su orientación sexual fue la razón de ello, en sus propios textos Zuleta reconoce que en realidad fue su posición antiautoritaria que el rígido y vertical Partido Comunista Colombiano no condonaba. Esta pulsión que desconocía la jerarquía lo enfrentó luego en los ochenta con el obispado nariñense, que también cansado de su irreverencia, y su orientación sexual, terminó por lograr su expulsión de la Universidad de Nariño.
Por otro lado, es importante resaltar su vocación colectiva. Zuleta priorizó siempre el trabajo colectivo sobre la alabanza individual. Esto lo vemos tanto en la forma como se desarrolló el Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia – MLHC, como en los objetivos políticos que se planteó. Lejos de buscar protagonismo como “fundador”, a Zuleta le interesaba la construcción de un proyecto político amplio, democrático y de cobertura nacional.
Esto no solo lo vemos en los numerosos documentos de proyección política que escribió al respecto. Sino en cómo incentivaba la alianza entre las personas oprimidas contra las injusticias del mundo. A él no le interesaba únicamente “el movimiento LGBTIQ”, Zuleta priorizaba el trabajo comunitario y la solidaridad, con el movimiento feminista, el movimiento obrero, y el movimiento estudiantil. La primera Marcha del Orgullo de Bogotá de 1983 fue un ejemplo de ello, pues contó con apoyo de sindicatos, de feministas y terminó con un llamado a los jóvenes policías que escoltaron la movilización a sumarse a la lucha contra un sistema que también les oprimía. Hasta sus últimos días, trabajando en la Escuela Nacional Sindical de Medellín, Zuleta abogó por una alianza desde abajo contra los de arriba.
Y por último, es importante rescatar su desconfianza con la institucionalidad. Zuleta tenía bastante claro que aunque un Gobierno o el Estado se presentara en algún momento como benefactor del cambio social, la verdadera transformación provendría de las personas y no de edictos o las urnas. Se rehusó a participar de la política electoral e insistió que el Estado era una de las fuentes más grandes de violencia contra la disidencia sexual y de género, llegando a denunciar su complicidad con las terapias de conversión que públicamente denunció desde 1980. Argumentaba que si no desaparecían, la despenalización de la homosexualidad en 1981 no estaría completa. Tristemente, la violencia que vemos hoy en día es una muestra de que estaba en lo correcto.
Hoy nos encontramos frente a un panorama oscuro. El ascenso de la ultraderecha en el mundo ha significado el uso de la disidencia sexual y de género como chivo expiatorio de los males de las naciones. La ola fascistoide ha empezado a atacar las mínimas concesiones que se habían conquistado en los estados en materia de derechos sexuales y reproductivos, pero también sociales y políticos.
Frente a gobiernos autoritarios que usan el pánico moral como excusa para restringir libertades, más que nunca necesitamos regresar a figuras como la de Zuleta, no para crear un santo más, otro mártir, un símbolo vacío, o un nombre insignificante en la plétora de hiperfraccionamiento político que caracteriza el panorama político progresista, sino como un ejemplo para leer y estudiar la lucha por la liberación.
Leamos a Zuleta, estudiemos su vida, que allí encontraremos sin duda herramientas que nos permitan enfrentar estos tiempos oscuros y quizás, a la larga, construir un mundo mejor.
Revista El Otro. Director: León Zuleta. 1977.
Sin escatimar esfuerzos y a pesar de las persecuciones, El Otro anunció la liberación del cuerpo y del placer sometidos por los regímenes. Intrínsecamente deslumbrante en sus planteamientos hoy desconocidos o ignorados.
Etiquetas: Felipe Caro Romero , Instituto de Historia Marika de Bogotá , León Zuleta
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