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La revolución de los claveles y el sueño mundialista

por MAURICIO LÓPEZ RUEDA

Exclusivo web Junio de 2026

Soldados portugueses durante la Revolución de los Claveles en 1974. Tomado de www.litci.org.

Para entender la historia de Cabo Verde y su actual milagro futbolístico hay que instalarse en la década del setenta del siglo pasado, cuando Cruyff y Beckenbauer eran los dueños de la pelota y el Ajax y el Bayern Munich se turnaban para ganar la Copa de Campeones. En esos tiempos, concretamente en 1974, Portugal estaba atascado en la terrible dictadura de António de Oliveira Salazar, quien tras un golpe de Estado en 1933, fundó el Estado Novo, se atornilló en el poder y desató todo tipo de censuras y persecuciones.

Salazar fue conocido como “el dictador que murió dos veces”, porque en 1968 sufrió un accidente casero y sus allegados lo declararon muerto para el pueblo portugués, pero lo mantuvieron vivo en secreto hasta 1970 cuando finalmente falleció. Hasta su último aliento, De Oliveira creyó que seguía gobernando Portugal, pero quien mandaba en realidad era Marcelo Caetano. 

En 1974, cansado de los abusos, el pueblo se sublevó, y en su pacífica rebeldía tuvo como aliado al Ejército. Aquella manifestación es conocida como La revolución de los claveles y se inició el 25 de abril de ese año, con dos canciones censuradas que sonaron en la radio en diferentes horarios. Primero, E depois do adeus de Paulo de Carvalho, a las 10:55 de la noche, y luego Grândola, Vila Morena de José Afonso, a la medianoche. 

El derrocamiento de Caetano no tuvo oposición y Portugal recuperó su democracia al día siguiente. Necesario sería leer a Saramago o a Lobo Antunes, quienes cuentan la historia de manera detallada y poética. 

Durante sus años de febril autoritarismo, De Oliveira se negó a la descolonización de los territorios en África. Hasta su muerte, el dictador se negó a otorgarles la independencia a Mozambique, Angola y Cabo Verde. Tras el derrocamiento de Caetano, esos pequeños países africanos vieron surgir la esperanza de libertad y, en 1975, los tres se independizaron pacíficamente, a través de acuerdos diplomáticos.

António de Oliveira Salazar, primer ministro portugués entre 1932 y 1968. Tomado de Wikimedia Commons.

Sin embargo, las raíces de la cultura portuguesa siguieron marcando la vida de las nuevas repúblicas: el cien por ciento de la población de Cabo Verde tenía al portugués como lengua principal y el catolicismo era la principal religión. 

Pedro Leitao Brito, más conocido como Bubista, tenía cinco años cuando Cabo Verde logró su independencia, pero recuerda la euforia que se vivió en las calles de su natal Boa Vista, la tercera isla más grande del archipiélago caboverdiano y la más cercana al continente africano. 

Pedro no tuvo que ir a la escuela durante varios días, los festejos por la independencia se extendieron casi un mes. Además, el empalme entre la vieja administración portuguesa y la nueva caboverdiana, se tardaría poco más de medio año. 

Cabo Verde es un archipiélago surgido de la actividad volcánica. Sus diez islas están divididas en dos bloques: Barlovento y Sotavento. Praia, la capital, y Boa Vista están en Barlovento, donde golpean con fuerza los vientos alisios. Durante años, los mejores talentos caboverdianos defendieron la camiseta de Portugal: en esa lista se incluyen Nani, Océano, Semedo, Nene, Gelson Martins y Gelson Fernandes. Incluso Cristiano Ronaldo tiene raíces en ese pequeño país, pues su abuela, Rosa Isabel de Piedade, nació allí. 

Tras la independencia, esos talentos emergentes siguieron eligiendo a Portugal para jugar al fútbol, pues consideraban que defender a Cabo Verde les limitaba sus posibilidades de crecimiento. Sin embargo, unos pocos pensaban diferente, y entre ellos estaba Pedro Leitao, a quien a partir de los dieciséis años ya apodaban Bubista, por cosas de su padre, un consumado lector del budismo y quien de manera graciosa solía decirle a su hijo: “Tú deberías ser budista”, y como el niño no sabía pronunciar bien la palabra, decía: “Sí, soy bubista”, y así se quedó. 

El fútbol no fue particularmente bueno con Bubista. Fue un jugador cumplidor, sin demasiado talento, y su carrera transcurrió entre equipos de la segunda división portuguesa y los principales clubes de su natal Cabo Verde. La mejor parte de su carrera como defensor fue un fugaz paso por el Bajadoz en España, en 1996, pero solo jugó ochenta minutos en seis meses de contrato. Ese mismo año, casualmente, Luis de la Fuente, actual entrenador de España, se había retirado del fútbol profesional y se iniciaba como técnico en un club vasco llamado Portuguesa.

Mapa de Cabo Verde. Tomado de Wikimedia Commons.

Bubista continuó su carrera como futbolista en Cabo Verde hasta 2005. Defendió siempre a su país con la camiseta de los Tiburones Azules, pero jamás logró clasificar, ni siquiera, a una Copa de África. Tras retirarse inició su historia en los banquillos, y entonces el éxito, por fin, tocó a su puerta. 

Empezó dirigiendo clubes en su país y luego fue sumado como adjunto en la selección nacional. En 2013, con él como ayudante, Cabo Verde clasificó a la Copa de África y llegó hasta cuartos de final. 

Tras algunos tropiezos, muchos de ellos debido a la falta de recursos y a la pésima estructura del campeonato local, Bubista asumió la dirección técnica del seleccionado a comienzos de 2020. Estaba obsesionado con clasificar al mundial de Catar, pero el covid-19 estropeó todos sus planes, pues los jugadores no podían entrenar, no se podían hacer amistosos y, en resumen, el mundo estaba casi bloqueado. 

Cuando todo volvió a la normalidad, Cabo Verde no fue capaz de competir en igualdad de condiciones y quedó eliminado de Catar. Pese al fracaso, Bubista fue mantenido en el cargo y Mario Mendes, presidente de la Federación de Fútbol, se convirtió en su aliado en el nuevo proceso. Se pusieron manos a la obra con una estrategia austera, pero innovadora. La pandemia había dejado enseñanzas y una de ellas, la comunicación a través de redes sociales, iba a ser clave para formar el nuevo combinado. 

Por medio de LinkedIn y Facebook comenzaron a contactar jugadores con raíces caboverdianas en todo el mundo que hubieran sido descartados por otras selecciones. Se apoyaban en la estadística de la diáspora, pues aunque en Cabo Verde solo hay quinientos mil habitantes, en el resto del mundo hay al menos otro millón. De esa forma encontraron a Steven Moreira, del Columbus Crew de Estados Unidos, quien había pasado por Le Havre y Lille de Francia, y a Pico Lopes, nacido en Dublín, pero de padres caboverdianos.

Josimar José Évora Dias ‘Vozinha’, figura de la selección de fútbol de Cabo Verde. Tomado de www.vozinhaofficial.com.

Bubista continuó su carrera como futbolista en Cabo Verde hasta 2005. Defendió siempre a su país con la camiseta de los Tiburones Azules, pero jamás logró clasificar, ni siquiera, a una Copa de África. Tras retirarse inició su historia en los banquillos, y entonces el éxito, por fin, tocó a su puerta. 

Empezó dirigiendo clubes en su país y luego fue sumado como adjunto en la selección nacional. En 2013, con él como ayudante, Cabo Verde clasificó a la Copa de África y llegó hasta cuartos de final. 

Tras algunos tropiezos, muchos de ellos debido a la falta de recursos y a la pésima estructura del campeonato local, Bubista asumió la dirección técnica del seleccionado a comienzos de 2020. Estaba obsesionado con clasificar al mundial de Catar, pero el covid-19 estropeó todos sus planes, pues los jugadores no podían entrenar, no se podían hacer amistosos y, en resumen, el mundo estaba casi bloqueado. 

Cuando todo volvió a la normalidad, Cabo Verde no fue capaz de competir en igualdad de condiciones y quedó eliminado de Catar. Pese al fracaso, Bubista fue mantenido en el cargo y Mario Mendes, presidente de la Federación de Fútbol, se convirtió en su aliado en el nuevo proceso. Se pusieron manos a la obra con una estrategia austera, pero innovadora. La pandemia había dejado enseñanzas y una de ellas, la comunicación a través de redes sociales, iba a ser clave para formar el nuevo combinado. 

Por medio de LinkedIn y Facebook comenzaron a contactar jugadores con raíces caboverdianas en todo el mundo que hubieran sido descartados por otras selecciones. Se apoyaban en la estadística de la diáspora, pues aunque en Cabo Verde solo hay quinientos mil habitantes, en el resto del mundo hay al menos otro millón. De esa forma encontraron a Steven Moreira, del Columbus Crew de Estados Unidos, quien había pasado por Le Havre y Lille de Francia, y a Pico Lopes, nacido en Dublín, pero de padres caboverdianos.

Cabo Verde empató 0-0 con España en su debut mundialista. Tomado de www.vozinhaofficial.com.

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