Las enseñanzas del aprendiz enmascarado

por ESTEFANÍA CARVAJAL • Fotografías de Juan Fernando Ospina

Número 151 Octubre-Noviembre de 2026

Pasa que hay cosas que nunca han estado, pero que, una vez empiezan a existir en tu mente, aparecen por doquier: su revelación las multiplica y las desvela, iluminadas por la atención de la que antes carecían, novedosas a los ojos y a los sentidos. Ejemplo: aprendes que los yarumos se llaman yarumos y que sus hojas aterciopeladas no son plateadas, sino verdes, y entonces los yarumos brotan por cantidades de entre el follaje andino, distintos ellos de sus vecinos arbóreos, evidentes; donde siempre han estado silenciosos, invisibles al ojo acostumbrado, ahora existen con nombre propio y esa característica física que los hace únicos: que los pelitos de sus hojas reflejan la luz del sol y por eso de lejos pierden el verdor.

Lo mismo me ha pasado con algunos pájaros, con las flores de las musaendras, con las mujeres embarazadas y los bebés de brazos (ya puedo decir si un bebé tiene uno o tres o seis meses con solo mirarle el pelo), y hace rato me pasa, y me sigue pasando (es casi una presencia ubicua) con un grafiti que recorre el valle de Aburrá de sur a norte, desde Itagüí hasta Copacabana, siguiendo el trazado de las dos vías principales: la Regional y la Autopista Norte. Está en deprimidos y puentes peatonales, en columnas de concreto y separadores de plástico, está en piedras, en vallas, está en lugares difíciles, por la ubicación o por el contexto, y también en los obvios, rodeados de otros murales de similar naturaleza.

Así que es cuestión de verlo solo una vez para no dejar de verlo nunca más: “Ciencia del Energismo” es una plaga de diecinueve letras que se fue tomando Medellín sin dar mayores explicaciones: simplemente está ahí, tres palabras a secas, a la espera de ser vistas por los ojos correctos en el momento correcto. Ignoro si el grafiti es una plantilla o es pintado a mano alzada (a veces la N aparece al revés, sobre todo en los puentes), pero sea como sea, hay tenacidad y constancia de sobra en esa manera de llegar a la gente.

Aunque no soy precisamente su público objetivo, yo también llegué a los Maestros de la Logia Blanca atraída como una abeja por esas tres palabras que parecen el nombre de un conjuro. El clásico símbolo masónico de la escuadra y el compás adorna la entrada del templo virtual: cienciadelenergismo.org. Gracias a la IA, que todo lo puede, la portada del sitio web es una especie de panteón griego con dos columnas principales: una está marcada por la letra B y coronada por un globo terráqueo que gira sobre su propio eje, y la otra tiene una J y una esfera azul que brilla como una bola de disco. En todo el centro, tallado en piedras de bits, hay un triángulo dorado, y en el triángulo, un ojo animado que abre y cierra los párpados lentamente.

Antetítulo: Fundación Ciencia del Energismo. H1: Bienvenido a la Ciencia Gnóstica. H2: Universidad espiritual gnóstica. En fuente de párrafo: Un conocimiento milenario revelado por los Maestros de la Logia Blanca. Botón dorado: ENTRAR AL TEMPLO. Su misión, dice la web, es “promover el despertar de la conciencia y la transformación integral del ser humano mediante la difusión de enseñanzas espirituales, psicológicas, energéticas, científicas y ancestrales”, y su visión es “ser una fundación reconocida internacionalmente por inspirar una nueva conciencia humana basada en el conocimiento”.

Ese conocimiento, dicen, está todo contenido ahí: en el canal de YouTube con doscientos mil suscriptores, en la comunidad de Facebook con más de trescientos mil hermanos energistas, pero sobre todo, en la biblioteca y audioteca dedicadas a los dos venerables maestros: Samael Aun Weor, el pionero, y Rabolú, su primer discípulo.

Hagamos un alto en el camino, porque esta historia tiene en realidad varios comienzos.

El más antiguo se remonta al cristianismo primitivo, en los tres siglos posteriores al nacimiento y muerte de Jesús. Hubo entonces primeros cristianos que siguieron las doctrinas de Pedro, pero hubo otros, los desviados, los raritos, que creían que para salvarse no bastaba con tener fe en el sacrificio del Cristo, sino que cada quien era libre de elegir (o no) salvarse a sí mismo, mediante la búsqueda directa del conocimiento de la divinidad. Esto es: la gnosis.

A mediados del siglo II, los padres de la iglesia dejaron de verlos con buenos ojos y emprendieron la cacería. Todos los textos de los gnósticos antiguos fueron destruidos y sus creyentes, tildados de herejes. Hasta 1945 solo se sabía de ellos por los escritos de quienes habían sido sus principales adversarios: Ireneo, obispo de Lyon hasta el 202, e Hipólito, el primer antipapa y obispo de Roma desde el 217. Pero en diciembre de 1945, unos campesinos egipcios encontraron en la tierra una jarra de cerámica sellada que resultó ser el refugio de los pocos textos gnósticos que sobrevivieron al exterminio: entre esos, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad y el Evangelio Apócrifo de Juan.

Los gnósticos actuales, aún más raritos, heterodoxos y sincréticos que los originales, dicen ser descendientes doctrinarios de esos primeros cristianos que se apartaron de las normas.

He aquí el segundo comienzo de esta historia: un hombre nacido en Bogotá en 1917 bajo el nombre de Víctor Manuel Gómez Rodríguez, de juventud esotérica, teosofista y rosacruzana, afirma tener la capacidad del desdoblamiento astral, y por lo tanto, un conocimiento profundo y directo de lo divino y lo terreno.

En 1946, Gómez Rodríguez conoció a quien convertiría en su esposa dos años más tarde, una paisa nacida como Arnolda Garro, y juntos se fueron en el 48 para la Sierra Nevada de Santa Marta a aprender la medicina tradicional de los indígenas arhuacos. No mucho después, los esposos bajaron al municipio de Ciénaga a curar enfermos. Él asumido en el nombre de Samael Aun Weor, y ella, en el de Litelantes, sin cobrar nada, entregados al sacrificio por la humanidad; y los médicos del pueblo (los titulados, los que sí cobraban) enfurecieron. También enfureció la Iglesia Católica cuando Aun Weor publicó el que sería el libro fundacional de su filosofía, El matrimonio perfecto, en el que asegura haber descubierto la forma última de la redención divina, que no es rezar, que no es meditar, que no es la caridad, sino el sexo: en el sexo, dice, “está la raíz de la gran batalla entre los poderes de la luz y de las tinieblas”; la luz del conocimiento es más diáfana cuando el hombre y la mujer se encuentran sin llegar al orgasmo.

Como un árbol de Navidad lleno de colgandejas recicladas de los diciembres pasados, el gnosticismo weoriano bebe de aquí y allá sin miedo a que los dogmas y prácticas no combinen entre sí: tres granitos de astrología, una cucharada de cábala, media taza de meditación trascendental, viajes astrales, Cristo, Buda, sexo tántrico, karma, alquimia, reencarnación, sueños premonitorios, ayuno, antropología, anatomía, mantras, conjuraciones e invocaciones, medicina naturista, runas, kundalini, pranayamas, masonería, magia crística azteca, evangelios apócrifos y, por supuesto, la Biblia: todo lo que ayude, todo lo que sirva, todo lo que acerque a la divinidad con algún tinte esotérico cabe en el gnosticismo de Samael Aun Weor y de sus descendientes espirituales: centenares de iglesias en ciudades y pueblitos de Europa y América Latina.

Podría hablarse de un tercer comienzo de esta historia localizado geográficamente en Duitama, Boyacá, el 24 de julio de 2025, día en que fue constituida legalmente la Fundación Ciencia del Energismo ante la Cámara de Comercio de dicho municipio bajo la actividad económica número 9499 (Actividades de otras asociaciones no clasificadas previamente), pero entonces estaríamos ignorando los ocho años previos de trabajo digital que le tomó al enmascarado formar una comunidad virtual que al día de hoy se extiende por todo el continente, dejando vestigios materiales de su existencia en los murales, afiches, plegables, libros, volantes y tabloides que los seguidores de la Logia Blanca descargan del sitio web y reparten por iniciativa propia en sus pueblos y ciudades.

El maestro enmascarado, cuyo rostro e identidad nunca ha revelado (ni pistas ha dejado de las que se pudiera jalar), hace transmisiones en vivo cuatro días a la semana, a las siete de la noche: los lunes y sábados imparte la Cátedra del Energismo, los martes son para la Práctica Esotérica y los miércoles, para el tarot y la kábalah. El set es visualmente excesivo, aunque de composición simple: el hombre se sienta frente a su escritorio con un micrófono y un computador, y la magia de la edición convierte el fondo en una escena onírica generada con inteligencia artificial, que cambia en cada video y mezcla elementos visuales como mandalas, jeroglíficos y pirámides, constelaciones, columnas griegas y personajes élficos en estado de meditación, iluminados por aros de luz. Él mismo aparece en muchos de los videos vestido con una túnica griega, atada a un solo hombro, el cabello castaño suelto hasta los hombros y su rostro escondido detrás de una máscara blanca de formas simples, que no deja ver siquiera el color de sus ojos.

Los sermones del enmascarado oscilan entre la ficción mística y una clase de ética y moral cotidiana, en un lenguaje sencillo y corriente que usa sentencias familiares, filosofía de sobremesa, el conocimiento popular y obvio de la vida misma que suele ser transmitido de madres a hijos, de tíos a sobrinos, de taxista a pasajeros. El Aprendiz, como lo llaman los seguidores que comentan durante los directos, esconde su rostro porque lo importante no es él, sino el mensaje. El hombre enmascarado da consejos sobre cómo elegir amigos o pareja, cómo superar la pobreza “con energía creadora”, cómo activar la libertad financiera y el éxito en los negocios, cómo eliminar la ansiedad, pero también habla del verdadero “demiurgo creador”, las revelaciones de Jesús y “los secretos de la magia que nadie te ha contado”.

En el sitio web aseguran que la Ciencia del Energismo no es una religión o una secta, pues “no pide afiliación, no exige creencias, no cobra cuotas, no impone dogmas”. Sin embargo, al finalizar cada video, el Aprendiz invita a unirse a la comunidad paga de YouTube en la que existen dos tipos de suscripciones: el “Aporte simbólico”, de dieciocho mil pesos al mes, que incluye insignias de fidelización, chats en directo solo para miembros, acceso anticipado a videos nuevos y shorts exclusivos, o la suscripción “Música del energismo”, que por cincuenta mil pesos mensuales les da a los miembros “acceso exclusivo a una selección sonora pensada para magos blancos, diseñada para acelerar la activación de tus centros superiores de conciencia”. Quienes hacen parte de la comunidad paga, asegura el Aprendiz, forman parte de “un círculo de apoyo que hace posible compartir enseñanzas, curaciones y elevación para millones que hoy sufren”.

No es posible saber cuántos suscriptores pagos tiene el canal de YouTube Ciencia del Energismo, pero, por cálculos a ojo, podrían ser cientos, si no miles: cada uno de los directos del hombre enmascarado son vistos durante más de dos horas por más de mil personas: si el Aprendiz fuese un cura católico, sus misas llenarían dos iglesias del tamaño de La Candelaria (y eso sin contar las miles de reproducciones que los directos ganan después).

Hay otras formas de ayudar a la Fundación: reciben donaciones a través de PayPal, Nequi, Davivienda y criptomonedas. Donar a la Ciencia del Energismo, dicen, es “ser parte del sacrificio por la humanidad”. Pero no todo es dinero, porque el sacrificio también puede ocurrir con la divulgación del mensaje: tienen varias carpetas en la nube con diseños de volantes, plantillas, plegables, afiches, pósters, tabloides, en fin: cientos de vestigios materiales que los hermanos energistas, así como el devoto de los grafitis de Medellín, van regando por el mundo.

“El raro culto que promete ‘vida eterna’ y caza adeptos en el centro de Mendoza”, tituló el diario Mendoza Post de Argentina en enero de 2026. La noticia alertaba sobre la secta que estaría buscando seguidores con un cartel que pegaron por toda la ciudad, sin los permisos pertinentes. “¿Quieres saber la causa de tus sufrimientos?”, dice el póster, y luego cita un pasaje bíblico: “Estrecho y difícil es el camino que conduce a la luz, muy pocos son los que lo hallan”. El cartel tiene tres códigos QR: uno va al canal de YouTube, otro a Telegram y el último, “al sitio web de origen colombiano que utiliza como eslogan una serie de promesas extraordinarias”.

En el artículo “Las instituciones gnósticas de Medellín”, de Carolina Tamayo y Johann F. W. Hasler, los investigadores del grupo Religión, Cultura y Sociedad de la Universidad de Antioquia relatan la historia de Samael Aun Weor y los tres discípulos que tomaron las riendas del gnosticismo en Colombia tras la muerte del maestro, el 24 de diciembre de 1977: V. M. Rabolú, V. M. Gargha Kuichines y el V. M. Lakshmi. Es la organización de este último discípulo, la Iglesia Gnóstica Cristiana Universal de Colombia, la que más fuerza tiene en el Valle de Aburrá, con sedes en Medellín y Bello, y por eso fue la elegida por los investigadores para hacer la etnografía del artículo.

Según cuentan los académicos, esta iglesia obedece a un gobierno interno de alcance nacional e internacional, “en donde sus miembros encuentran una posibilidad de servir y llevar a buen término la aplicación de los factores de la revolución de la conciencia como el “sacrificio consciente por la humanidad” o la “muerte mística”. Los miembros que llevan un buen tiempo en la iglesia gnóstica, dicen los investigadores, aseguran sentirse fuertemente acompañados “por toda una estructura humana”: si bien la gente llega al gnosticismo atraída por lo oculto, la magia y el misterio, “es la cohesión social y el nivel de compromiso consigo mismos y la institución lo que los mantiene en la organización”.

Voy en el taco matutino de norte a sur y cuento uno, dos, tres, cinco Ciencias del Energismo entre Copacabana y el Tránsito de Bello, que son poco menos de siete kilómetros: hay un grafiti anunciando el gnosticismo weoriano cada 1200 metros. Sin necesidad de muros de roca física y sillas Rimax, sin verse los rostros siquiera, sin pretender llamarse iglesia y sin gastar prácticamente nada en mercadeo, el enmascarado construyó una comunidad virtual que, si estuviera toda junta, llenaría cuatro, cinco, seis veces el Atanasio Girardot. Serían trescientas mil personas juntas escondidas detrás de una máscara blanca, trescientos mil anónimos puestos uno detrás del otro como en una fila de dominó: una fila de 120 kilómetros que va de aquí a Amagá, serpenteando por los carriles de motos que se forman en los trancones, y vuelve hasta encontrarse con su propia cabeza en Copacabana. Y entre todos esos anónimos, la presencia oculta de un devoto enmascarado que escribe “Ciencia del Energismo” por todas partes como acto de sacrificio por la humanidad.

Para despedirse, el energista diría “paz inverencial”.

¡Comparte esta historia!