La fecha: lunes 3 de marzo
La hora: ocho de la noche
El lugar: chat de Whatsapp
El tiempo: break en el Hombre a caballo
Pablo, un guía de turismo para extranjeros con el que me puse en contacto para entrar con un grupo de ellos, me escribe por Whatsapp lo que hace cuando llega a la Plaza de Botero:
“Yo hago un break en el Hombre a caballo, al lado del Palacio Nacional”.
En verdad se refiere al Palacio de la Cultura que parece un castillo rodeado de pinos y no al Palacio del Hueco, donde antes vendían tenis, y del que hoy dicen que un turco lo está convirtiendo en galería de arte. Le pregunté qué es lo primero que les dice a los turistas cuando entran a la plaza.
Esto me escribió:
“Antes de salir para Botero yo les digo: ¿recuerdan la película de Matrix? ¿Blue pill vs. red pill? Bueno, están a punto de tragarse una blue pill gigante. Van a ver que en dos cuadras hay unas vallas de la policía. Antes de entrar, los invito a que miren bien por fuera”.
Al frente de la Iglesia de la Veracruz, donde las putas todavía pueden ofrecer sus servicios, el guía turístico les dice: “Aunque no nos guste, no es ilegal”, y divide el relato en prepandemia y pospandemia.
“Les digo que antes había 3500 habitantes de calle y hoy hay más de ocho mil. Que antes la pobreza rondaba el 34 por ciento y hoy alcanzó el cincuenta por ciento. Y que hace cuatro semanas la alcaldía actuó poniendo unas vallas, es decir, todos los problemas que enumeré antes siguen ahí, pero detrás de las vallas”.
La fecha: miércoles 5 de marzo
La hora: once y media de la mañana
El lugar: Hombre a caballo
El tiempo: monstruos de bronce. Etiquetas.
Busco en la plaza un guía de turismo con camisa roja de manga larga que me dijo que hace dos horas viene caminando con extranjeros desde el parque de los Pies Descalzos. Mientras llegan, una mujer que dice ser experta en Historia de Medellín me pregunta dónde compré mi bolso de ranas venenosas y se aleja sin que pueda darle una respuesta. Se va detrás de un grupo de turistas. Entran de a diez, de a veinte, de a treinta a la plaza. Sin requisa. Nueve venezolanos de un grupo se quedan mirando la Maternidad (1995). Uno comenta que tomarse la foto en pareja ahí debe ser peligroso. En Pensamiento (1992), otro explica que el cuerpo desnudo en la cabeza del hombre simboliza cuando está enamorado y no puede sacarse de la mente a la mujer que ama. Cinco hombres de negro celebran como niños la voz metálica de un armatoste robótico humano. Se escuchan voceadores: la foto, la foto. A la orden las hormigas culonas. Lleve el sombrero vueltiao.
El recorrido es corto. Entre el Hombre a caballo (1994) y la Mujer vestida (1989), la primera escultura entrando por la Iglesia de la Veracruz y la última saliendo por el metro, los turistas no se demoran más de diez minutos. En ese tiempo pueden elegir entre tomar fotografías o comprar mercancías. Los artesanos de chalecos azules venden gorras, camisetas, réplicas de Botero a cinco mil. Se destacan frases impresas en los souvenirs de la cultura paisa: Bonita, pero tóxica. Bebesote. Patodos HAY! Medellín es una chimba. Lo que pasa en Medellín se queda en Medellín.
Los guías de la empresa de turismo que estoy esperando tienen libertad de cátedra en su recorrido. Welcome to Botero’s square, dice uno que acaba de entrar con un grupo de veinte estadounidenses. Lo que sigue es un resumen en español de lo que les dijo mientras señalaba con los pulgares hacia el Palacio de la Cultura:
“Parece una iglesia, ¿cierto? Pero en realidad no lo es. En los años treinta en la crisis de la Gran Depresión el arquitecto se cansó de las demoras en los pagos hasta que un día dijo goodbye. Abandonó el país sin terminarlo. Luego apareció el espíritu paisa: We can finish. Construyeron un muro, pero jamás terminaron el edificio. Si observan el estilo neoclásico de las hermosas ventanas que hay en la cúpula y luego miran las que están al lado dirán conmigo: Its a shame!”.
Y luego, señalando con el índice derecho la escultura del hombre que aplasta a la mujer con sus pies, dice: “Si se fijan bien, van a ver que unas áreas están más gastadas que otras en partes muy específicas”. Los turistas vuelven a reírse. El pipí de bronce está todo pelado.
El grupo se desintegra para recorrer el espacio por su cuenta con la indicación de encontrarse al lado de la Mujer vestida. Hernán, el guía con el que estuve hablando por diez minutos, nunca les había preguntado a los turistas directamente lo que piensan sobre la medida. Ahora, cuando lo hace, un extranjero de ojos azules se anima a compartir su opinión acerca de las vallas que rodean la plaza. Una bogotana que está a mi lado me ayuda a traducir:
“Dice que son lo mismo que ponerle una curita a una hemorragia”.
La fecha: 7 de marzo
La hora: seis de la tarde
La escultura: Adán y Eva
El tiempo: aves raras en los jardines
En esta plaza se ven aves raras, me dice Saúl, un fotógrafo de los viejos que está mirando los pájaros negros que abundan en los jardines que bautizó como orinal de la humanidad. Nos encontramos por casualidad a las seis de la tarde entre Adán y Eva, con la luna menguante entre los dos. Nos vinimos a conversar en otra fuente sin agua mientras nos tomamos dos tintos que nos vendió una venezolana, de las que pasean con los termos escondidos por la plaza. Saúl dice que esos “toches” “representan a la raza humana” porque sacan los huevos de un ave de otra especie menos lista y los cambian por los de ellos para que los empolle en su propio nido. Ahora los pájaros tienen todo el parque para coquetear entre ellos solos.
Los policías que caminan adentro no son verdes sino azules. A veces los extranjeros y locales los confunden con guías de turismo. Deambulan por toda la plaza sin rumbo fijo y siempre en pareja. Toman fotos a los turistas a pedido y a veces hasta se arrodillan en el piso para lograr un buen encuadre con las cúpulas iluminadas de los edificios. A los perdidos les indican hacia dónde ir. Acompañan al desorientado. Tienen drones, trípodes y cámaras para hacer videos en 360 que luego comparten por sus celulares.
Por el centro de la plaza pasa un lustrador que busca zapatos, pero solo hay tenis caminando. Pasa un policía en su moto verde fosforescente. Saluda a seis funcionarios de la alcaldía, con chaleco y sin oficio, que a las seis y media de la tarde se hacen en círculo para mirar los efectos lumínicos que produce el smog al atardecer. Dos dominicanos se toman una foto al lado de la Mujer con espejo (1987). Uno de ellos simula una palmada en la foto mientras el otro le grita: ¡Eso! ¡Qué nalgotas!
Seguimos tomando tinto.
—¿A qué hora se va la gente de la plaza?
—Esto se va quedando solo a las seis y media de la tarde pero a veces hay gente por ahí tomando fotos por la noche, tipo ocho y hasta nueve los he visto.
—¿Y sabe a qué hora la cierran?
—La verdad no sé cuándo la cierran.
—¿Y usted a qué hora llega?
—Yo no tengo horario ni de ir a la casa ni de venir a la plaza.
—¿Le parece mejor como está?
—Esto ha mejorado mucho porque acá estaba pasando de todo. Uno salía de acá con dolor de cabeza por los malos olores. Por ejemplo, ese palito estaba a punto de secarse y véalo como está de bonito —señala un árbol.
—¿Y qué pasaba con los otros jardines?
—Estaban apestados de sentir la falta de positivismo. Los árboles sentían los atracos, las peleas y la gente ensuciándose por todas partes.
—¿Y dónde estará la gente que ya no está acá?
—Deben estar donde les corresponde.
—¿En dónde?
—Donde creen que lo que hacen es trabajo: de La Veracruz pa abajo. En cambio este es un lugar de donde vienen de todas partes del mundo. Qué vergüenza que se lleven una mala imagen.
—Mire el atardecer como se ve de lindo. ¿Ya le tomó la foto?
—Un día de estos voy a tomar una foto de esa hermosura y la voy a mandar a enmarcar.
—Mejor sigamos hablando de las aves raras.
—Una vez un búho se posó encima de la cabeza de la Mujer vestida —debajo de una flor de arizá— y cuando le quisimos echar mano se perdió entre las palmeras.

Fotografía de Maria Isabel Naranjo.
La fecha: 9 de marzo
La hora: cuatro y media de la tarde
La escultura: Hombre caminante
El tiempo: como un oráculo
El 8 de marzo, a las ocho de la noche, todas las esculturas de Botero, con precios que oscilan entre dos y cuatro millones de dólares, estaban rayadas por todas partes, y las más de doscientas vallas de la policía que rodeaban la plaza estaban abajo. Hoy la plaza funciona normalmente, y salvo algunos detalles de manchas de pantano de suelas de botas y zapatos que les pasaron por encima cuando las tumbaron, las vallas están de nuevo en pie y funcionando.
Anoche, refuerzos de la policía de todos los cuadrantes del Centro llegaron a controlar la violencia contra las estatuas. Los hombres de las esculturas Hombre caminante y Hombre a caballo fueron pintados de blanco, como si quisieran borrarlos. En la escultura de la Cabeza pintaron con spray verde y morado “Libres”, “Libres nos queremos”, “8M 8M 8M 8M 8M 8M”. La mujer del Pensamiento fue vestida con una pañoleta verde y escribieron debajo ABORTO. Rayaron a la Mujer en el espejo por todas partes con “Te quiero viva” y “Grita hermana”. Sobre la mujer desnuda dejaron unos carteles: “Mata a tu Eva”, “Libera a tu Lilith”, “Libertad es ausencia de miedo”, “No es no”. Al lado del Hombre caminante dejaron un mensaje: “Siempre con las putas, nunca con los tombos”. En la nalga de la Mujer con espejo pegaron un aviso con los números de emergencias de la Agencia Mujer y la Fiscalía: 123.
Representantes del sector cultural en el Centro, algunos colectivos de derechos humanos y representantes de trabajadores informales de la plaza y habitantes de calle rechazaron un tuit del alcalde por estigmatizante: “En apoyo a prostitutas, marcha de mujeres tumbó vallas de Plaza Botero. Alcaldía las pondrá mañana de nuevo”.
Hoy 9 de marzo, a las cinco de la tarde, dos de los cuatro trabajadores contratados para sacarles brillo a las esculturas están recogiendo en baldes los pedazos de esponjilla y cocas con agua con las que ya quitaron casi toda la pintura. Llegaron a las ocho de la mañana y salvo algunas manchas aguadas, ya casi todas están limpias. Uno de ellos, cansado, dice que ojalá pudieran terminar hoy el trabajo.
—Pero antes de las cinco y media de la tarde tenemos que llevar todas estas cosas al castillo para que nos las guarden.
Lo único que les faltó por limpiar fue el pipí rojo del Hombre caminante. Mañana va a quedar brillante, como nuevo, cuando lo laven con agua y jabón.
P. D.: No contaron con tanta suerte las diez adolescentes que quedaron solas en la plaza el 8 de marzo después de las marchas. Al lado de una licorera, cerca del parqueadero de buses de Robledo, el grupo fue obligado a punta de bolillo a subir a un camión de la policía que tenía como destino la estación de La Candelaria. A las ocho y media de la noche, las mujeres fueron liberadas y salieron corriendo por las calles, asustadas, con las rodillas raspadas y algunos moretones en las piernas. ¿El delito? Destrozar una radio contra el piso y gritar contra los uniformados: ¿por qué nos matan?
Los policías concluyeron, ante tal muestra de desacato, que había que darles una lección.