El gol de Rincón

Por JUAN FERNANDO RAMÍREZ ARANGO

En la noche del 13 de abril de 2022, pasó a mejor vida Freddy Rincón, el autor, entre otras cosas, del agónico gol contra Alemania en Italia 90, gol que clasificaría por primera vez a Colombia a octavos de final de un Mundial. Gol que, un día después, la prensa catalogaría como “el más ruidoso de la historia del país”, tanto, que hasta el inmutable director técnico de la selección se unió a ese ruido, como bien señalaría este titular de El Colombiano: “Increíble: Maturana cantó el gol”: “Nunca me había pasado, pero no logré evitarlo porque todo eso nació de adentro, por encima de mi control, como una orden del corazón que pudo más que todo. ¡Qué gol, qué momento, qué alegría, qué premio!”. 

Ese martes 19 de junio de 1990, el cuerpo técnico de la selección, compuesto por Maturana, Bolillo y Diego Barragán, ocuparía el banco visitante del Giuseppe Meazza vestido de buen augurio: el tercero con su vieja corbata roja incandescente, el segundo con su habitual sudadera del equipo y el primero “con el pantalón negro que a los muchachos les trae buena suerte”. A esa hora el Rolex de Maturana marcaba las 4:55 p. m., 9:55 a. m. en Colombia. Minutos antes, en la charla técnica, más allá de recordar las marcas personales en la pelota quieta, no se agregaría nada más: “Cuando se hace bien el trabajo en la semana de lo que tenés que aplicar el día del partido, ya no hay nada que decir”, declararía el Bolillo para el diario leer de los antioqueños, en un artículo titulado “Lo que no mostró la televisión”. 

La polémica periodística previa al pitazo inicial la había generado el planteamiento aparentemente conservador de Colombia, con cinco volantes y un solo delantero: “Todo el plan de Maturana fue cumplido a la perfección y aunque particularmente tuve mis reservas, porque no era convincente renunciar a las posibilidades en el ataque, debo confesar que el equipo nunca había jugado en los últimos años tan seguro, dueño del partido, convencido de lo que podía lograrse”, señalaría Hernán Peláez al día siguiente en El Tiempo, en una columna titulada “Más que merecido… Maravilloso”.

Así, siguiendo a la perfección el plan de Maturana, Colombia tendría las llegadas más peligrosas en la primera mitad, un total de tres en una ráfaga de tres minutos: en el 24 el Bendito Fajardo fallaría solo debajo del arco, y en el 25 y el 27 el protagonista sería la Gambeta Estrada, con un tiro de media distancia y un cabezazo a bocajarro que se irían rozando el horizontal. En la segunda mitad, por su parte, antes del par de goles tardíos, solo habría dos jugadas de riesgo: un cañonazo a quemarropa de la Gambeta que rebotaría en la humanidad de Bodo Illgner, el portero alemán, y un globito de Lothar Matthäus que rechazaría el larguero del arco tricolor. La selección tenía tan controlado el juego con su parsimonioso toque-toque que hasta le apaciguaría la hiperactividad al Bolillo: “En el segundo tiempo me senté, y cuando iban treinta minutos Pacho se quedó aterrado porque yo estaba tranquilo: ¿Qué te pasa? Es que no hay nada qué decir. El equipo está perfecto. Es un buen partido y es para disfrutarlo”.

Once minutos después de hacer esa pregunta, Maturana perdería la noción del tiempo: “La última vez que me acuerdo del tiempo, me dijeron 41 y supuse que estábamos listos. Incluso uno de los reporteros de radio se acercó por la malla de atrás de la tribuna para tener al Bolillo asegurado para la entrevista final”. Sin embargo, dos minutos y diecinueve segundos después recibiría este golpe de realidad: “En ese momento, me encalambré, sentí venir lo peor cuando ese alemán, Rudi Völler, dejó a Perea en el camino y puso el pase a Littbarski. El Chonto no pudo hacer nada y el gol estaba cantado…”. Efectivamente, sería gol de Littbarski, zurdazo al ángulo superior derecho de Higuita. Alemania 1 – Colombia 0. ¿Qué sintió el Chonto en ese instante? “Un frío inmenso, que me tiró al piso”. A partir del gol alemán, marcado en el minuto 43:19, transcurrirían 233 segundos de sufrimiento colombiano, que entregaría titulares como “233 segundos al borde del infarto” o “Digno de Hitchcock”.

—¿Qué hizo el banco para que el equipo reaccionara positivamente después del gol alemán?

—¿Yo ya no podía gritar. Estaba muerto y Pacho también, entonces Diego Barragán y el Chicho Pérez transmitieron el mensaje nuestro: “Muchachos, no se vayan a morir… No les entreguen el balón que nos hacen el otro… ¡Vamos, vamos, vamos…!”. 

Minuto 46:55: “Leonel, el guerrero antioqueño, se roba la pelota y se la entrega, por entre dos tanques, al Bendito Fajardo, que pica raudo, cruza la mitad del terreno y se la da a Valderrama, que engaña seis piernas alemanas, hasta pasársela a Rincón”.

Minuto 47:06: “En una triangulación perfecta Rincón le regresa la pelota al Bendito, quien la devuelve al Pibe. Los tanques germanos corren desesperados”.

Minuto 47:08: “Valderrama siente muy cerca el poderoso latido del corazón de 28 millones de colombianos y, como con la mano, se la cruza a Rincón, que ha visto el roto y se ha desplazado por la orilla derecha”.

Minuto 47:10: Freddy Rincón, el Coloso de Buenaventura, avanza en solitario hacia el arco alemán.

Minuto 47:11: Rincón dispara.

Minuto 47:12: La pelota besa la red: ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol!… Los relojes marcan las 11:47 a. m. en Colombia, es la hora Freddy Rincón: “Cuando el país se confundió en un solo y profundo canto, salido de lo más hondo del corazón: ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol!…”. Curiosamente, gol del 19 en el día 19.

—Freddy, ¿cómo fue ese gol?

—Piqué al espacio vacío y vino el excelente pase del Pibe. Entonces me envolvió la tranquilidad porque sabía que era la última ocasión para alcanzar el objetivo… Entré al área y empecé a mirar al arquero. Venía de frente y muy apresurado. Vi cómo se abría de piernas y con frialdad se la acomodé por ahí. Es lo más grande que he logrado en mi vida.

Minuto 47:17: José Clopatofsky toma la foto más recordada de Freddy Rincón: un plano medio en el que está gritando el gol a todo pulmón con los puños apretados a la altura de sus mejillas. Foto que se robaría la portada de El Tiempo al día siguiente, bajo el titular “¡Colombia encontró su Rincón!”: “Freddy venía embalado hacia mi puesto y allí, a cinco metros de donde yo estaba, paró, soltó su grito de gol, se le llenaron los ojos de lágrimas y entonces espiché el obturador como si estuviera abriendo un hueco con el dedo en la pared, hasta que, por fin, sentí que la foto de la victoria había pasado a la película. Nunca había tenido a boca de jarro una foto tan esperada, no se me olvidará jamás”, apuntaría José Clopatofsky en una crónica titulada “Los presagios de una fotografía”, publicada el 20 de junio de 1990 en el referido diario bogotano. 

Minuto 47:18: “Rincón siguió corriendo desaforadamente”.

Minuto 47:20: “Carlos Mario Hoyos lo abraza y en un instante se sumaron los otros suplentes. Luego vinieron todos los demás gritando como locos”.

Minuto 47:34: Mientras los jugadores continúan celebrando, aparece este letrero en las pantallas de los televisores del país: “VIVA COLOMBIA”. Es intermitente: primero amarillo, después azul y, finalmente, rojo, así durante quince segundos. 

Minuto 47:49: Desaparece el letrero para darle cabida a la repetición del gol. Cuatro repeticiones desde distintos ángulos que tardan 26 segundos y que terminan justo cuando el Campeón Edgar Perea está gritando en la radio esta línea definitiva: “¡Dios es colombiano! ¡Dios es colombiano! ¡Por eso pasan estas cosas, porque Dios es colombiano!”.

Minuto 48:14: Terminan las repeticiones del gol. “En solo un minuto, en solo un minuto, pasamos de la agonía al éxtasis”, dice Wbeimar Muñoz Ceballos. “La Colombia in 4 minuti dall’inferno al paradiso”, titularía Tuttosport.   

Minuto 48:36: Alemania efectúa el saque de salida, saca de la mitad del campo.

Minuto 48:57: Pitazo final. Colombia 1 – Alemania 1. Colombia está en octavos de final. “Milagro de Colombia: burla a Alemania y pasa”, titularía en primera plana Corriere dello Sport.

Posdata 1: Además del citado titular de El Tiempo, esto es, “¡Colombia encontró su Rincón!”, surgirían muchos otros que también jugaban con el significado espacial del apellido de Freddy. El primero de ellos saldría a la luz una hora después del partido, encabezando un cable de la legendaria agencia Reuters: “Rincón: un lugar en la historia”, debajo del cual se leía lo siguiente: “El nombre de Freddy Rincón quedará impreso en letras doradas en el libro grande del fútbol colombiano tras el gol que le permitió empatar a su equipo ante Alemania y que le otorgó el pase a la próxima ronda del Mundial… Rincón, de 23 años, hasta ayer uno de los tantos apellidos anónimos en esta Copa escasa de figuras, hoy es el motivo de la gran mayoría de los titulares y de la inmensa alegría del pueblo colombiano…”.

Posdata 2: Otros ejemplos de esos titulares son este de El Colombiano: “Vibró cada Rincón de Colombia”, y este de la revista Cromos: “Colombia arrinconó a Alemania”, debajo de los cuales se registraban, entre otras cosas, las celebraciones en las principales calles del país, en las que el denominador común había sido imitar el gol de Freddy: “Los aficionados no resistieron las ganas de repetir, así fuera en plena calle y en medio de los vehículos, la magistral jugada de Rincón. Niños y adultos la revivieron una y otra vez”.

Posdata 3: Ambos artículos también destacaron el impacto positivo, balsámico, del gol de Rincón en la capital de la eterna balacera: “En Medellín, los paisas se olvidaron por unas horas de las tristezas, de la muerte y la tragedia”. ¿Qué pasaba en Medellín en aquel entonces? Cinco días antes, el jueves 14 de junio de 1990, mientras Colombia jugaba contra Yugoslavia su segundo partido del Mundial, explotaría un carrobomba cargado con cien kilos de dinamita en la calle 11B con la carrera 43B, a dos cuadras del parque de El Poblado y a cincuenta metros de la estación de policía de ese barrio privilegiado, dejando dos muertos y 92 heridos. Y cuatro días después del gol de Rincón, mientras la selección era eliminada de los octavos de final por Camerún, Medellín atravesaba “acaso el fin de semana más sangriento que haya tenido en toda su historia”, con un total de 63 homicidios entre la noche del sábado y el mediodía del domingo, una tercera parte repartidos en tres masacres, una en El Poblado, otra en Manrique y la tercera en Enciso. La peor, la de El Poblado, cometida en la taberna Oporto, la cual dejaría diecinueve muertos y siete heridos de gravedad. Así, en los primeros 175 días de 1990, Medellín completaba la friolera de 2824 homicidios, haciendo que Semana titulara la portada de su edición 426 con esta pregunta retórica: “¿Guerra civil en Medellín?”. La eliminación de Colombia, por su parte, provocaría este titular que se robaba la portada de El Tiempo: “Se acabó el sueño”. Sueño que había empezado con el inolvidable gol de Freddy Rincón.