34 hombres y una mujer

Es 1946 y están a punto de graduarse en Medicina. Todos importan, pero ella mucho más. En una época de dogmas según los cuales las mujeres tenían el destino marcado (el hogar, el esposo, los hijos), Klara Glottman eligió las ciencias. ¿Quién fue?

Hace ochenta, noventa o cien años había opciones (no muchas, pero había). Algunas mujeres fueron obreras en las fábricas de tejidos; otras estudiaron secretariado, mecanografía o contabilidad en la Escuela Remington; otras eligieron la vida religiosa con sus viajes y aventuras llevando la cristiandad a Tombuctú; algunas prefirieron avanzar en lo social ingresando a las asociaciones femeninas; otras, a la Escuela Doméstica de Medellín donde aprendían desde cocina y planchado hasta horticultura y repostería; otras eligieron un camino en el que las oportunidades para las mujeres eran escasas: entre ellas, Klara.

Para ser aceptada en una profesión “tradicionalmente masculina”, además de cambios en el sistema educativo, Klara contó con el apoyo de su familia (provenían de Europa, donde las mujeres ya incursionaban en el campo científico) y con el de un decano con mentalidad abierta. “Preséntese”, le dijo. En ese entonces (además de las calificaciones, fotos, pagos y la aprobación del examen) se requerían certificaciones morales: las mujeres debían acreditar que no vivían solas o con sus hermanos, que no vivían en hoteles, pensiones o apartamentos y que su colegio respaldaba su idoneidad moral. Klara ingresó en 1941 a la facultad de Medicina. No fue la única mujer, pero sí quien llegó más lejos.

Con ella se matricularon Clara Uribe y Ligia Montoya. Solo se graduó Klara, en 1946, tras superar prejuicios y burlas de sus compañeros: la llamaban Klara Glúteos, según cuenta el anestesiólogo y escritor Tiberio Álvarez en su libro Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia, ciencia y presencia en la historia 1871-2016. También superó el antisemitismo: los judíos llegaban a ser blanco de insultos, como lo narra Héctor Abad en El olvido que seremos (aclarando que en general Medellín ha sido una ciudad amable con esta comunidad). Luego de graduarse, Klara fue a Harvard. Se especializó en endocrinología ginecológica.

Aunque se avanzaba hacia sociedades más igualitarias, “no todas pudieron lograrlo. Bachilleres recién graduadas fueron presionadas para volver a sus hogares, dejando el desarrollo profesional a los hombres”, como lo cuenta la revista Semana en un artículo sobre la historia del voto femenino en Colombia. Otras mujeres, quizá con más suerte, más ingresos y más vocación, fueron abriéndose paso hacia la siquiatría, pediatría y obstetricia. Para ellas, Klara fue inspiración.

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Grupo Medicina, por Fotografía Rodríguez, 1946. Archivo fotográfico de la BPP.