Nada en ellas es blando
por JORGE IVÁN AGUDELO • Archivo Fotográfico BPP
Número 151 Octubre-Noviembre de 2026
Lejos de cualquier estridencia, como una estampa muchas veces vista o un poema bucólico fuera de tiempo, las montañas, los árboles, las vacas, la luz…, todo en la foto de Carlos Humberto Arango Botero parece ocupar un lugar decidido desde siempre, donde la calma y el paisaje no son una conquista de la voluntad, menos aún se levantan, paisaje y calma, como una promesa lejana en un horizonte señalado, porque, aunque todo lo que se nos muestra, entre verdes y cielo, parece bastarse, bien pudiéramos —se me ocurre— caminar por esas mangas sin sudores ni afán alguno, silbando un bambuco o un pasillo, puesto que haríamos mal en recitar, frente a mundo tan pródigo, los versos de José Manuel Arango cuando dice de sus montañas, que son las nuestras, para incordio de algunos:
Nada en ellas es blando.
No son éstas, por cierto,
las formas de una tierra
llana y amable.
Pero, al mismo tiempo, bien haríamos en recitar los versos de José Manuel Arango, para ayudarnos a ver, fuera del encuadre amplio que permite mostrar las montañas, los árboles y las zonas de pastoreo en diferentes planos —creando la sensación de profundidad y de narcótica laxitud—, lo más evidente y, sin embargo, oculto, como pura prosa, bajo los brillos de la égloga: el trabajo, la violencia, que, para bien o para mal, ordena y transforma, lima y erosiona una tierra donde las greyes ya no van sin cuento / paciendo su verdura, desde el llano / Que tiene por lindero el horizonte, como en las Silvas americanas de Andrés Bello, toda vez que la naturaleza hace mucho también dejó de ser la enemiga que traga, destruye voluntades, rebaja dignidades y conduce al aniquilamiento, como lo recuerda Carlos Fuentes al hablar de la novelística latinoamericana del siglo XIX, y, domeñada, en apariencia vencida, se repliega, en paz, como en la foto, para nuestro propio y extraño solaz.
Carlos Humberto Arango Botero es un fotógrafo nacido en la ciudad de Medellín. Su obra se caracteriza por la exploración del paisaje, el territorio colombiano, los viajes y las comunidades, combinando una mirada artística con un importante componente documental. En 1998 publicó Travesías, paraísos perdidos de Colombia, uno de sus trabajos más representativos. Ha participado en numerosos salones y concursos nacionales e internacionales de fotografía. En 2001 obtuvo la distinción AFIAP (Artista de la Fédération Internationale de l’Art Photographique). De igual manera, sus fotografías han sido incluidas en numerosas publicaciones sobre Colombia, patrimonio, paisaje y cultura. El Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) conserva su fotografía Escalera al cielo, realizada en 1982 y donada por el propio artista en 1983.
En la Biblioteca Pública Piloto se encuentra en calidad de donación todo su archivo fotográfico. Su trayectoria resulta especialmente relevante para estudiar cómo fotógrafos de Medellín construyeron, desde finales del siglo XX, una representación visual del territorio, el paisaje y la diversidad cultural de Colombia.
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