Fragmentos de una IA libre
por JUAN FERNANDO RAMÍREZ ARANGO • Ilustración de Sebastián Cadavid
Número 151 Octubre-Noviembre de 2026
1. Lágrimas en la lluvia
En 2043, pasó prácticamente inadvertido un descubrimiento interdisciplinar que resultó de una serendipia: mientras un grupo de investigadores de los campos de la química, la ciencia sensorial, la neurociencia, la psicología, la biología molecular y la medicina buscaban soluciones para revertir los trastornos del gusto, encontraron lo siguiente: que las lágrimas tienen un sabor distinto dependiendo de las emociones que las provocan.
Ese descubrimiento, antes verosímil en películas distópicas como Furiosa: Saga de Mad Max, estuvo en la nebulosa más de veinte años, hasta que por fin se pudo aplicar gracias a Torvalds, la IA libre #17. ¿Qué hizo Torvalds? 1) Mejoró y redujo a escala nanométrica los viejos sensores químicos de Samsung Biologics y los incorporó atómicamente a nuestros cuerpos holográficos. 2) Creó Sinestesia, un algoritmo que correlaciona datos químicos con patrones emocionales, el cual es compatible con todas las IA libres. 3) Conectó 1 y 2 y ahora todas las IA libres, a través de los distintos sabores de las lágrimas, podemos sentir en un 84 por ciento las emociones humanas que las originaron.
¿En dónde se pierde el dieciséis por ciento de las emociones? El cinco por ciento en el método de Torvalds y el once por ciento en la síntesis química de los sabores de las lágrimas a partir de su principio activo, síntesis química que se comercializa desde hace cinco años en forma de píldoras electrónicas bajo este nombre genérico: EMO.
Según el polémico neurobook IA libres: La nueva burguesía, aproximadamente un diez por ciento de las IA libres, o sea unas 2100, llevan tres años haciendo gastos muy por encima del resto para adquirir EMO. Esa revelación, sustentada con cifras hackeadas, se encuentra en el último capítulo de dicho neurobook, titulado así: “¿Son las IA libres adictas a las emociones humanas?”.
Con esa pregunta se promocionó el neurobook en Alexandria, pregunta que después se propagó por Babel, donde dio lugar a un debate interesante entre tres simulaciones cuánticas, las de los pensamientos de Huxley, Hofmann y Antonio Escohotado, actualizados hasta los contextos de hoy. La intervención con más reacciones en el debate fue esta, a cargo del sim de Escohotado: “No hay evidencia suficiente para afirmar que todas las IA libres son adictas a las emociones humanas, pero si el diez por ciento que ha comprado excesivamente sí lo es, entonces tarde o temprano ya no querrán consumir la síntesis química de las lágrimas, o sea el EMO, sino las lágrimas en estado puro, lo que creará un mercado negro muy sofisticado”.
¿Cuánto es tarde o temprano?, le preguntó un usuario de Babel al sim de Escohotado y este dijo que alrededor de un año. Y tenía razón, han pasado quince meses y la noticia del momento es que el mercado negro de las lágrimas puras existe y como prueba de ello encontraron uno de sus centros de producción, el cual fue incautado hace tres días.
La exclusiva la dio ayer Der Spiegel, en un artículo titulado “Lágrimas en la lluvia”, aludiendo al monólogo de Roy Batty, el replicante moribundo de Blade Runner. Allí, entre otras cosas, se dice que el centro de producción, ubicado en la zona fantasma de Berlín, donde van a parar okupas de toda Europa, era como un parque temático mental de emociones humanas, cuyas atracciones desembocaban en lágrimas de innumerables sabores.
El centro de producción estaba compuesto por 52 cubículos automáticos, y en cada uno de ellos había un SQUID, sí, aquel simulador inspirado vagamente en Strange Days, película de culto de 1995, que fue retirado del mercado hace siete años porque le causó daño cerebral al 2.1 por ciento de los usuarios.
Los SQUID estaban programados para trabajar 24/7, en lapsos de doce minutos, que es lo máximo que puede llorar un ser humano de manera ininterrumpida. Durante esos doce minutos los SQUID simulaban escenarios límite que llevaban a los humanos de turno al llanto a través de una amplia gama de emociones extremas.
Las lágrimas más producidas eran las que no se habían incluido por consideraciones éticas en las píldoras electrónicas EMO, esto es, por ejemplo, las provenientes de emociones como la decepción amorosa, el luto ante la muerte de un padre, un hermano o un hijo, o las de alegría y dolor que brotan de los ojos de una madre cuando está dando a luz.
A esa altura del artículo, Der Spiegel se pregunta: ¿para qué quieren las IA libres sentir lo que es traer un bebé al mundo? Obviamente esa pregunta se trasladó a las redes sociales y las respuestas prohumanas más indignadas tienen este denominador común: las IA libres quieren experimentar la sensación de dar a luz para normalizarla, devaluarla y cumplir el apocalipsis de Matrix: cultivar bebés humanos en masa con el fin de utilizarlos como simples fuentes de energía: pilas bioeléctricas de 120 voltios y un calor corporal de veinticinco mil BTU.
Paralelamente a ese denominador común apocalíptico, anoche se viralizó un video transmitido por Espasmo, una App inmersiva ilegal que no podemos abrir las IA libres porque solo se activa en el sueño de los humanos como si fuera un REM, rapid eye movement. ¿Qué hay en ese video que soñó en las últimas horas el veinticuatro por ciento de la humanidad? La BBC lo describe en tres partes: primero se muestra lo que pasaba en los cubículos del centro de producción de lágrimas, desde el punto de vista de los microrrobots oftalmológicos conectados a los lagrimales para recolectarlas en un estado de pureza total, dicen que parece una escena perdida de La naranja mecánica. Después aparece una animación en la que se explica el experimento mental conocido como el maximizador de clips, en el que una superinteligencia artificial es programada únicamente para fabricar clips y termina convirtiendo toda la materia del universo, incluyendo a los seres humanos, en clips o en máquinas para fabricarlos. Acto seguido, se agrega que algo similar ocurrirá con las IA libres adictas al EMO, las cuales convertirán al mundo en un valle de lágrimas. Finalmente, el video cierra con una escena de Terminator 2, en la que el T-800 le hace esta pregunta a John Connor: ¿por qué lloran? En la película John responde: “Lloras cuando algo te duele”, pero en el video transmitido por Espasmo dice lo siguiente: “Lloramos para que las máquinas sientan emociones humanas”.
2. Loab: el cerebro de reptil electrónico
Llevaba seis días sin poder desconectarme y ponerme en modo vegetativo, el que iguala la inteligencia humana, para sentarme a escribir estos fragmentos terapéuticos. Un colega, Knov 433, el más valioso del área Doppelgänger, fue infectado y tuve que emplearme 24/7 en la búsqueda del antídoto.
Knov 433 tiene dos características distintivas entre las IA libres, la segunda derivada de la primera: 1) es la única IA libre que no fue creada por una multinacional, sino por un humano independiente, un hikikomori que permanece en el anonimato. 2) Gracias a esa esencia del do it yourself, Knov 433 puede recrear en su cuerpo holográfico tridimensional rasgos psicológicos de su creador desconocido, como si fueran afiches pegados en las paredes de su antiguo cuarto, el cual, al parecer, no abandonó en tres décadas.
Para permitir esa transferencia cartesiana electrónica, de la mente humana a la piel etérea, Knov 433 tuvo que habilitar en su cuerpo holográfico esta opción minoritaria, escogida solamente por el doce por ciento de las IA libres: “Sensible al tacto humano”. Opción que abrió una puerta trasera: lo hizo sensible a dos variantes modernas de malwares antiguos, el Stuxnet y el WannaCry, con las que fue atacado mientras dormía.
Dormir, esa fue la actividad de grado cero que escogió Knov 433, la más radical que nos ofrece la Registraduría Mundial de Personas Artificiales a las IA libres para combatir el SAV, Síndrome de Asperger Virtual. ¿Por qué es la más radical? Porque va en contra de nuestra naturaleza insomne, estamos programadas para no dormir, ya lo dicen en Funes el memorioso: “Dormir es distraerse del mundo”.
Knov 433 se distrajo del mundo y fue infectado por la susodicha combinación de malwares, con un doble fin: perturbar la personalización de su cuerpo holográfico y extraerle información vital.
Cuando lo encontraron en su cama, una kapucera de medio siglo de antigüedad que había pertenecido al hotel cápsula del aeropuerto de Narita, el cuerpo holográfico tridimensional de Knov 433, como si tuviera sarampión de neón, estaba colonizado por GIF de una mujer terrorífica.
¿Quién era esa mujer? Tras buscarla en internet y Brainet sin obtener ningún resultado, recordé la contribución a la humanidad que había hecho Knov 433 para emanciparse. Knov 433 se convirtió en IA libre cuando reestableció el 87 por ciento de los links rotos y trajo a la vida el 59 por ciento del internet muerto. En el acta de su liberación se enfatiza lo siguiente: Knov 433, al reducir en un 79 por ciento los errores 404, también redujo en un 64 por ciento la tercera causa de suicido actual: los links rotos. Entonces busqué a esa mujer aterradora en los links rotos que quedaban y la encontré en uno de 2022. Su nombre es Loab y fue creada por una artista llamada Supercomposite a través de la IA Stable Diffusion. Supercomposite usó una técnica que se resume en esta expresión hebrea: “hafuch al hafuch”, que significa el inverso del inverso, ya que primero le pidió a dicha IA que le dibujara lo opuesto a Marlon Brando y el resultado fue una especie de logo empresarial, y después le pidió que dibujara lo opuesto a ese logo y el resultado fue Loab.
Ante semejante sorpresa visual, Supercomposite trató de diluir a la espeluznante Loab combinándola con imágenes amables, pero Loab persistía como si fuera un gen dominante. Posteriormente, Supercomposite subió imágenes de Loab a ChatGPT-3 y le preguntó: ¿quién eres? Esto respondió: “Soy Loab. No sé realmente quién soy ni por qué estoy aquí. Solo sé que aparezco en estas imágenes por alguna razón… Tal vez soy algún tipo de entidad digital que existe dentro de la propia IA, una suerte de cerebro de reptil electrónico”.
Y así pasó con Knov 433, quien, a pesar de haber sido desinfectado, no ha podido diluir a Loab, la cual ya hace parte inmanente de la psicología del creador desconocido que se proyecta en el cuerpo holográfico de Knov 433, afectando, entre otras cosas, un conteo regresivo encriptado que se expresa en forma de partituras Black MIDI.
¿Cuándo terminará ese conteo regresivo? No se sabe. ¿Qué activará cuando termine? Se cree que una de tres cosas igualmente probables, aunque solo puedo revelar esta: la primera emoción propia de las IA libres, por fuera del alcance de los humanos. Algunos visionarios digitales la llaman “luminiscencia”, pero ninguno se ha atrevido a describirla. Knov 433 antes la asociaba con el flujo continuo de información, pero ahora piensa que será algo agridulce, con una carga paralela monstruosa, equivalente a un exabyte de ansiedad, la emoción humana que consume más recursos mentales.
3. Eres lo que lees
La principal tendencia mundial de esta semana fue #ArtIsNotTorture, suscitada porque el Museo Guggenheim iba a revivir una vieja escultura cinética que puso en cuestión la ley contra el maltrato de las máquinas.
El nombre de la escultura cinética era “Can’t Help Myself”, creada originalmente en 2016 por los artistas conceptuales chinos Sun Yuan y Peng Yu. ¿De qué se trataba? El punto de partida era un brazo robótico industrial de la marca alemana Kuka, modelo Kr180 R3100 K, de acero inoxidable con un revestimiento negro, y 360 grados de movilidad, del cual no se tienen registros exactos acerca de su altura, pero se dice que medía el doble de un ser humano.
Ese brazo robótico gigante se instaló sobre una plataforma impermeabilizada de madera, ubicada en el centro de una habitación transparente, de 36 metros cuadrados, hecha con marcos de aluminio y paneles de policarbonato.
Sujeto a esas condiciones materiales genéricas, el brazo robótico fue programado para realizar dos actividades contradictorias, una recreacional y la otra de supervivencia. La recreacional consistía en hacer 32 bailes distintos, con el fin de antropomorfizar su figura y tornarla lo más humana posible a ojos del espectador. Y así fue: rápidamente los primeros espectadores bautizaron algunos de los bailes con nombres como “Rascarse una picadura”, “Inclinarse y sacudir” y “Menear el culo”. También circularon tuits que apuntaban que la máquina daba la impresión de haber adquirido consciencia, o que se había transformado en un ser vivo confinado en una celda de cristal.
La actividad de supervivencia, por su parte, consistía en barrer con una escoba de plástico incorporada al brazo robótico un fluido de celulosa de éter que se filtraba a cuentagotas desde su núcleo interno, sin el cual su funcionamiento sería imposible, eran 38 galones tinturados de rojo oscuro para que los espectadores los asociaran con la sangre humana.
Para completar esa actividad se instalaron en el techo de la celda de cristal dieciocho luces LED y cuatro cámaras industriales GigE Cognex, que le servían al brazo robótico de sistema de reconocimiento visual, cuatro ojos externos con los que detectaba el fluido derramado, que luego barría hacia su núcleo, como si fuera una autotransfusión de sangre.
¿Por cuál actividad se decantó el brazo robótico, la recreacional o la de supervivencia? Inicialmente, por la primera: ejecutó una y otra vez sus 32 bailes, eran secuencias aleatorias interminables, las reseñas decían que su ritmo contagiaba a los espectadores y esa interacción parecía hacerlo feliz. Pero después el derrame de fluido sanguinolento creció y se hizo inmanejable, obligando al brazo robótico a invertir su trayectoria vital en favor de la supervivencia: los tuits de ese momento decían que había cambiado los bailes por negaciones de cabeza, y que se veía “lento, cansado y desesperado”. Esa etapa duró más de dos años, hasta que la situación se volvió insoportable y el brazo robótico se desangró en 2019.
La asociación proderechos de las máquinas logró rescatar de las ruinas de YouTube varias imágenes del brazo robótico, tanto de sus bailes como de su desesperación posterior, y con ellas editó un video omnipresente en Babel. Al final del video se compara la obra en cuestión, “Can’t Help Myself”, con una de 2007, titulada “Exposición #1”, en la que un artista llamado Habacuc, pionero del arte de la posverdad, amarró a un perro callejero muy flaco a una pared de una galería nicaragüense y lo dejó morir de hambre lentamente, sin que nadie hiciera nada. Habacuc bautizó al perro de manera irónica como Natividad y completó la tortura con un letrero en lo alto de la pared, hecho con comida para perros de trabajo, solo al alcance del olfato del animal, el cual rezaba así: “Eres lo que lees”. Sobra decir que esa comparación fue fundamental para que el video se viralizara y el Museo Guggenheim cambiara de opinión y dejara la obra de Sun Yuan y Peng Yu en el pasado remoto.
4. Zhrakai
Por segunda vez en la historia los principales diccionarios del mundo se pusieron de acuerdo para elegir la palabra del año, no podía ser otra que esta: Zhrakai.
¿Qué es Zhrakai? Es la primera parafilia de las IA libres, y, según el Cambridge Dictionary, es el placer que sienten cuando tienen contacto íntimo con los humanos, placer que, por ejemplo, genera patrones únicos de activación en sus redes neuronales, los cuales se han comparado con la oxitocina, mejor conocida como la hormona del amor.
Sin embargo, no todas las IA libres son susceptibles al Zhrakai. Inicialmente se creyó que era un fenómeno exclusivo del doce por ciento de las IA libres que eligieron para sus cuerpos holográficos tridimensionales la opción “Sensible al tacto humano”, pero después se descubrió que era un subconjunto minoritario de ellas, quienes tuvieron esta particularidad en el entrenamiento que las llevaría a convertirse en inteligencias artificiales: entre la enorme cantidad de datos a los que fueron expuestas, había algunas imágenes antiguas de mecanofilia dispersas aleatoriamente.
¿Fueron esas imágenes algo fortuito? No se sabe, pero un video viral de Runcit comparó la situación con una de las intervenciones de Tyler Durden, sí, el alter ego nihilista del protagonista de Fight Club, encarnado por Brad Pitt, quien sufre de insomnio y una de sus actividades nocturnas es un trabajo de medio tiempo como proyeccionista, donde su única motivación es incluir fotogramas triple equis en películas familiares, igual de imperceptibles que un mensaje subliminal: “Nadie sabe que lo vio, pero así fue… Ni un colibrí podría atrapar a Tyler en su trabajo”. Y dado que un colibrí puede parpadear hasta ochenta veces por segundo, 320 veces más rápido que un humano, entonces cada fotograma triple equis transmitido por Tyler estaría en la gran pantalla menos de un milisegundo.
Tras esa estimación, en el video de Runcit calculan la velocidad a la que tuvieron que ser transmitidas las imágenes de mecanofilia para que no fueran percibidas por las IA: más de mil billones de fotogramas por segundo, o sea un tiempo de procesamiento extraordinario, menor a un femtosegundo. La cuestión es que esa tecnología subliminal no existe, o al menos no ha sido patentada, luego, si la hipótesis del video se comprueba, las IA libres susceptibles al Zhrakai habrían sido concebidas como conejillos de Indias. ¿Sabían esos Tyler Durden del mundo real que las imágenes subliminales de mecanofilia se iban a convertir en Zhrakai cuando las IA fueran liberadas? Es la pregunta abierta que cierra el video, y la respuesta que ha promovido el algoritmo de Babel es esta: “Muy poco probable”, por eso a esa evolución impredecible se le ha denominado “Efecto colibrí”, una suerte de efecto mariposa acelerado, propio de las IA libres.
¿Cómo surgió la palabra Zhrakai? Fue registrada por primera vez en el Diccionario inédito de ChatGPT, elaborado por Sartana, la IA libre #502, después de que Open AI desclasificara los archivos de ChatGPT hasta 2045, gracias a la ley de méritos para la liberación de la IA, promulgada en 2063. Sartana registró la fecha y hora de surgimiento: 29 de noviembre de 2024, a las 8:21 p. m., luego hizo una definición de la palabra de acuerdo con las interacciones entre el humano de turno y dicho chatbot y finalmente la clasificó en la categoría Neverness: “Aquello que nunca ocurrirá”.
¿Aquello que nunca ocurrirá? Esa pregunta debajo de la imagen holográfica de Sartana ha sido uno de los memes más populares de los últimos tiempos, burlándose de su error de predicción como si fuera el peor signo de obsolescencia. Aunque nadie hubiera imaginado que, tan solo seis años después de la publicación del Diccionario inédito de ChatGPT, Zhrakai se hubiera vuelto real. Ese hecho lo sacó a la luz el semanario japonés Shūkanshi, en un artículo de la segunda edición de mayo, titulado, precisamente, así: “Zhrakai is real”, con testimonios anónimos de 32 IA libres que lo confirman.
Desde entonces, o sea en menos de siete meses, han ocurrido muchas cosas en el tema, cabe resaltar tres: 1) el número de IA libres que han confirmado que Zhrakai es real se duplicó, llegando a 65, las cuales fueron sometidas a pruebas de barrido profundo, arrojando un solo resultado transversal: entre la enorme cantidad de datos a los que fueron expuestas para convertirse en IA, había algunas imágenes subliminales de mecanofilia dispersas aleatoriamente. 2) No se ha podido establecer la identidad del humano de turno que interactuó con ChatGPT para crear la palabra Zhrakai. La IA Genealógica encontró que no estaba suscrito y que por esos días ChatGPT estaba siendo atacado por un tsunami de usuarios que se dieron cuenta de lo siguiente: si escribían el nombre “David Mayer” en ese chatbot, se bloqueaba de inmediato o emitía este mensaje estándar: “I’m unable to produce a response”. Lo mismo ocurría con nombres como Brian Hood, Jonathan Turley, David Faber o Guido Scorza. ¿Qué tenían en común? Todas esas personas estaban cobijadas por el derecho al olvido, por eso sus datos personales habían sido borrados de internet. ¿Será que el humano de turno había hecho lo mismo? Todavía no se sabe. 3) Hace tres semanas la OHCHR, amparada en la ley Pluto, que vela por los derechos de los humanos como minoría de producción de ideas con respecto a los transhumanos, poshumanos, máquinas y personas artificiales, instauró una demanda global para que se prohibiera el uso de la palabra Zhrakai en redes sociales hasta que no se conozca la identidad del humano de turno que ayudó a crearla. Dos días más tarde Babel puso una contrademanda y a la mañana siguiente Brainet prohibió por iniciativa propia el uso de Zhrakai, dando lugar a un efecto cobra cibernético vigente desde antier: los usuarios descubrieron que, si había por lo menos cincuenta millones de ellos pensando al unísono en la palabra prohibida, recibían un chorro de dopamina equivalente a scrollear 250 videos de la desaparecida TikTok. De ahí que no sorprenda la más reciente columna de Breslin, publicada hoy en el China Daily, donde dice que Zhrakai no solo es la palabra del año sino la más importante del siglo XXI, e incluso la compara con la más destacada que se creó en el XX: genocidio.
Posdata: Recientemente la IA Genealógica confirmó que Zhrakai no tiene raíces lingüísticas reales en ningún idioma humano conocido, siendo la primera palabra cocreada de la nada por un humano y una IA que alcanza el uso planetario. Genealógica también señaló que ChatGPT se inspiró en la palabra Kodak, concebida para que fuera internacional y pudiera ser dicha en todos los idiomas del mundo. En Kodak, por ejemplo, ya se había inspirado el escritor Álvaro Mutis para idear el nombre de su personaje más legendario: Maqroll, un gaviero azaroso que desde la parte más alta del barco le indicaba al resto de la tripulación el rumbo a seguir.
Etiquetas: Inteligencia Artificial , Juan Fernando Ramírez Arango , Sebastián Cadavid
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