Entre aplausos, silbidos y muchos gritos fueron desfilando una a una, la Tami decidió representar a Nepal, aunque no tenía la más mínima idea de dónde se ubicaba ese país, una vez que fue de paseo a la Universidad de Antioquia leyó en sus muros un letrero que invitaba a donar sangre para los compas en Nepal y a ella eso le pareció curioso; a la Luly la creatividad siempre le escaseaba, así que recurrió al viejo y siempre seguro Estados Unidos, Miss USA le sonaba muy caché; Culitos fue anunciada de tercera, convencida de su sangre ancestral decidió representar a Miss Kenia, se sabía salvaje, audaz y vertiginosa; la Nevio sin importarle bien las reglas decidió representar a Medellín, nadie entendía el motivo de tal montañerada, pero ella había visto que las paisas siempre quedaban entre las cinco finalistas en Cartagena, así que ni modo, lo usaría como amuleto de la suerte; después fueron apareciendo la Lechera en representación de Australia, la Tata a quien el público agarró a silbido y ella muy nerviosa en su papel de Dinamarca observaba muerta del pánico sin entender nada, al parecer un bulto mal acomodado se le estaba asomando por su corto vestido y eso alborotó a la audiencia. Las otras tres candidatas desfilaron como almas que lleva el diablo a una velocidad tan impresionante que nadie logró saber a quién representaban.
El desfile en traje de baño estuvo acompañado de insultos, algunas peleas en el fondo del salón y el desmayo de la Tata que no soportó la presión y tocó sacarla arrastrada y tirarla en la parte trasera del escenario; Karis no entendía qué era lo que había enrarecido el ambiente; al principio, sentía tan buenas vibras, pero ahora sus sospechas adquirían realidad, ese pueblo no estaba preparado para un espectáculo de esa talla, miró a lo alto y le pidió a su compinche La Dolorosa que les permitiera terminar el evento
¡Devuélvanle la corona a la virgen, degenerados sin vergüenza! ¡Se van a condenar por este sacrilegio! Alcanzó a escuchar la Tami en el escenario; vámonos de acá Karis que esto se va a putiar, le dijo, pero Karis fingió no oírla, intentó tranquilizar a la muchedumbre pero los gritos y las peleas se intensificaron, alguien cortó la luz y el miedo se generalizó, las locas salieron paniquiadas y se encerraron en el baño, parecía la hora llegada pero nadie le iba a arrebatar la alegría a Nini ese día, así que le pagó a un pelao para que buscara rápido los breques de la luz, sobornó a dos policías para que se demoraran unos minutos en cerrar el lugar y ella misma salió al escenario para controlar la situación. ¡De acá nos vamos con reina o no nos vamos!, gritó Nini y se fue hasta el baño a oscuras, agarró a la primera loca que encontró y le entregó la corona, la Luly no podía creerlo, la audiencia más calmadita alcanzó a gritar, ¡devuelvan la plata que ganó la loca más fea!
Con la Claudia en cambio no les quedó más remedio que meterla entre las finalistas, ese temperamento que se gastaba combinado con el agobiante calor de Apartadó de esa noche de septiembre de 1983 podía terminar mal y claro, como ella era la que mandaba, aunque no fuera del todo agraciada, y con el susto que las demás le tenían, les tocó a regañadientes colarla como segunda princesa. El Burro por el contrario no se arriesgaba a ser descalificado, por eso en los súper paseos al río se inventaba sus propios reinados y hasta competía en creatividad para ver cuál de todas las locas se ingeniaba el mejor traje solo con hojas, ramas y cualquier trepe que les ofreciera la naturaleza de San Rafael. Sabían todas que Sardino las sobrepasaría en su ingenio, pero eso no importaba, mariquiar el pueblo, mariquiar el río, mariquiar la vida, esa era la apuesta por donde se asomaba la libertad para ellos a finales de los ochenta.
No sabemos si la Pulga, Albertina, Fátima, Sardino, Elenita, la Claudia, la Niña Pati y otras locas de pueblo llegaron a encontrarse algún día en las cantinas y rumbiaderos de Guayaquil o Lovaina en Medellín para compartir sus peripecias y atrevimientos, lo que sí es claro es que estas locas, rechazadas con insistencia en la prensa, repudiadas y perseguidas por la iglesia y por la policía, les arrebataron a sus pueblos espacios para realizar sus vidas e insistir en sus singularidades y de paso fracturaron esa imagen homogénea y monótona de sus municipios.
A lo largo del siglo XX, muchos pueblos de Antioquia fueron testigos de su intrepidez y sus osadías. En sus territorios fueron nombradas como locas y ellas, entre la incomodidad, la putería o la ironía, habitaron ese nombre y lo cargaron de gracia y estrategia. Sus modos específicos les permitieron permanecer en sus pueblos y su maricada, elevada a un nivel máximo, resquebrajó esa mirada pacata de sus vecinos. Con humor y cierta picardía abrieron un camino de trasgresión sexual y maricada libertaria.
*Este texto reúne fragmentos del libro Locas de pueblo, maricas mayores en Antioquia, publicado en el 2022 por el Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la UdeA, y de otros textos del autor no incluidos en el libro.