Siento sin cuenta
EDITORIAL
Número 150 Agosto-septiembre de 2026
Universo Centro ha alcanzado otro número redondo, una vuelta más de las que hemos dado sobre el mismo eje del mismo bar. Son 150 números publicados en casi dieciocho años de destilar tintas, venenos, sedantes y algunos dulces. UC ha ido mudando sus pieles sin muchas pretensiones ni planes. El comienzo fue una hojilla de bar, un pequeño boletín que informaba sobre las conversaciones más serias de la barra, dejaba caer algunas anécdotas de los alrededores, daba voz a los memoriosos y alquilaba dos columnas y un techo a los poetas. De ahí, de ese primer número, surgió una compinchería, complicidad dirían en el comando, alrededor del encanto de verse en el espejo de lo impreso. La promesa de un nuevo número alentó el humor, que fue la primera enseña del periódico, y con la sátira llegaron otro tipo de perversiones poéticas. Tomaban forma algunos ensayos callejeros y unas primeras crónicas de antros.
UC era un adolescente algo licencioso y andariego cuando llegaron los periodistas a colonizar sus páginas, porque ni oficinas ni cubículos. Las periodistas, mujeres casi todas, estaban estrenando sus libretas y pusieron los primeros rigores a una redacción que todavía vivía del desenfado de algunos profesores, de sus insolencias tardías, y de los amagos malditos de escritores en remojo. La novedad en el marco de la plaza, los chismes, el catolicismo, la inopia de la prensa conservadora hicieron que el pasquín recién impreso generara algún revuelo. De modo que mecanógrafos y lectores a conciencia comenzaron a velar la llegada de cada número. El periódico era una disculpa para ir al bar. Teníamos un perfecto círculo vicioso. Y llamaron las plumas de renombre. Querían conocer al pichón, verle las alas como hilachas, el pico inofensivo. Y escribieron notas en sus páginas y soltaron elogios en planas mayores y entrevistas.
Entonces aparecieron los artistas. No todo podía ser letras en el engendro surgido de ese bar variopinto. Los números se hicieron más puntuales y la maquinita funcionaba con las colaboraciones que llegaban al correo, los inventos del comité editorial, los embelecos de los poetas y las heráldicas de algunos autores consagrados. Universo Centro, sin darse cuenta, tenía un ala periodística que movían los más jóvenes del grupo, una redacción literaria con profesores que salían de la erudición en busca de diversión, una camada de ilustradores dispuestos, un fotógrafo de cabecera, unos cuentistas ad honorem y diez mecenas. La onda se iba expandiendo y UC comenzaba a recibir encargos y a liderar proyectos editoriales.
El Antro de Redacción adquirió entonces una reputación que no logró convertirlo en oficina. Universo Centro siguió rodando con la inercia que le entregaban creadores de todos los calibres. Más de quinientos que han pasado por estas páginas conformando una especie de comunidad que se separa y se une, que se dispersa y regresa, que recoge nuevos integrantes y despide a otros. Pocos medios logran llegar al número que corona UC con esta edición. Hablábamos de mudar de piel y es cierto que el periódico es hoy un ejemplar más rugoso, con nudos más gruesos, vicios más acentuados, rasgos más profundos. Somos, para bien y para mal, un periódico curtido, pero todavía con dientes.
Algunos lectores, adolescentes en los primeros números de UC, son hoy corresponsales de planta, gentes del Antro. Aunque suene senil hay que decir que UC ha tenido relevo generacional, y ha visto y contado algunos retazos de Medellín desde 2008, cuando la ciudad apenas despedía a los jefes paras que se fueron de extradición, y los turistas extranjeros eran solo una quimera, y los Úsuga apenas mostraban sus primeros gestos de patrones. UC ha recorrido los fondos del valle, ha subido a las laderas, ha esculcado rincones y archivos de la ciudad, y ha seguido el rastro de la música y el olor de la comida recalentada, siempre lejos de las hazañas periodísticas, de la política partidista, de la pureza corporativa. Siempre con la caja en saldo rojo, siempre en emergencias, siempre en un insistente desequilibrio.
Estos números completos, sonoros, obligan a usar la calculadora. A ojo de buen cubero se puede decir que Universo Centro ha publicado 4800 páginas. Eso es un gran directorio de relatos, fábulas, imágenes, semblanzas, anuncios, mentiras, crónicas, ensayos, poemas, diatribas, memorias. Sin darnos cuenta construimos un gran repositorio literario y periodístico. Cuando hay un suceso regional, nacional o mundial uno puede abrir su navegador y poner en Google el tema más las palabras Universo Centro. Siempre aparecerá al menos una revelación, una referencia, un destello de otro tiempo u otra geografía. Luego del terremoto del pasado 10 de agosto hicimos el ejercicio. Terremoto más Universo Centro: aparecieron las memorias del escritor Cristián Alarcón en el inestable Chile de su infancia. Lo mismo pasa con todo tipo de pestes, apoteosis deportivas, controversias sociales. Empezamos mamando gallo y ya vamos en una desordenada enciclopedia escrita a cientos de manos.
Otra suma nos dice que hemos repartido, de manera gratuita, cerca de un millón y medio de periódicos. Se regala bien este Universo Centro que deja claro que una cosa es repartir papel periódico y otra muy distinta es conseguir papel moneda. No es secreto que hoy el periódico gira un poco más lento, que ya no es posible sacar los once números al año de los tiempos de mayor movimiento. Tal vez pesamos y pensamos un poco más, jugamos un poco menos, tenemos más filtro y menos margen para imprimir, y somos un grupo un poco más pequeño, pero los textos siguen llegando a nuestro correo, los proyectos se buscan, la curiosidad sigue intacta y las historias siempre se renuevan. Las certezas de los primeros días las lava la lluvia. Hay piel todavía…, y hay cuero.
Etiquetas: Editorial , historia Universo Centro , periódico Universo Centro
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