La niña lleva varios días sin hablar. La gente entra y sale por la escalera de la residencia, algunos tocan el cuadro de cristo, de mirada absorta, con algún indicio de esperanza y parte de engaño. Las escaleras terminan con la forma borrosa de alguna calle, los transeúntes esperan la llegada de una tercera cosa, lo mínimo, lo máximo. Todos gritan, no saben qué palabras gritan, mientras, la niña no piensa en lo que oye, no piensa en lo que ve. Toca su vestido, descubre los bordados de la tela, dibuja algo parecido en la pantalla, lo colorea de azul, luego de negro, luego de rosado, luego vuelve al color azul. La desesperación de la muchachita: aviso de batería baja, corre agitada a encontrar los dos huecos en la pared, para revivir al aparato. Espera, con la cabeza hacia abajo de la imagen de cristo, mientras un niño se le acerca, y le pregunta si le puede enseñar de qué color es su vestido.