Número 138 // Marzo 2024
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Letras y Encajes:
revista para muchachas de buena sociedad

Por MARÍA ALEJANDRA BUILES
Gestora Archivo Fotográfico BPP

En los años veinte un grupo de mujeres “revoltosas” empezaron a sonar con fuerza en la literatura antioqueña. En aquel entonces eran contadas las mujeres que se atrevían a hablar más allá de temas de etiqueta, belleza y las aclamadas “artes culinarias”. Las tendencias costumbristas y los debates femeninos dieron un giro con la aparición de figuras insólitas como María Cano, Fita Uribe, María Eastman y Enriqueta Angulo, este cuarteto de muchachas escritoras, influenciadas por Los Panidas y por poetisas latinoamericanas, arrasaron con ideas conservadoras, dotando a la literatura antioqueña de un aire modernista y feminista que provocó a las señoras de buenas costumbres.

La fogosidad y audacia de María Cano y sus amigas intelectuales había generado escándalo, en los círculos sociales de las muchachas de buena sociedad se rumoraba la imperante necesidad de contrarrestar de manera contundente las prosas sensuales que se estaban divulgado en la prensa. En 1926 las señoras Sofía Ospina de Navarro, Ángela Villa de Toro, Alicia M. de Echavarría y Teresita Santamaría de González, encontraron la manera: una publicación impresa de orientación femenina pensada para difundir las ideas de las damas de la clase media y alta de Medellín.

La revista Letras y Encajes fue impulsada por este grupo de filántropas que además de oponerse a los postulados que iban en contra de la moral católica, buscaban allegar fondos con esta publicación para la solvencia económica del Hospital San Vicente de Paúl. Una obra de caridad que les abrió paso entre el emergente empresariado que encontró lugar para promocionar sus servicios mediante publicidad, cuya estética estaba centrada en la figura femenina, ilustraciones de cuerpos jóvenes, esbeltos y torneados que comunicaban sobre el rol de la mujer y, a su vez, ofrecían los servicios de Coltejer, Chocolate Cruz, cigarrillos Piel Roja, Fabricato, Indulana, Pepalfa, una lista interminable de reconocidas empresas, que, entre otras cosas, permite entender la revista como una poderosa herramienta de mercadeo y consumo.

La publicación se consolidó como un medio para reflexionar sobre temas femeninos, pero no feministas, un espacio pensado mejorar la cultura femenina del país. Reto que fue liderado por distinguidísimas damas que periódicamente compartían notas que iban desde las tendencias globales de moda, viajes y recorridos por el mundo, hasta lecciones prácticas para lavar, planchar, mantener el cutis terso y todo lo concerniente a las “ciencias del hogar”. No quedaron de lado los consejos para la vida marital, la educación de los hijos y clases de cocina escritas con meticulosas recetas que brindaban a las lectoras una guía práctica para la destreza gastronómica.

Desde que la revista entró en circulación tuvo amplia acogida en el ecosistema femenino del país. Hoy en día no suena muy de vanguardia, pero en la época Letras y Encajes se posicionó como un órgano cultural para educar a las mujeres, pretendía mantener intacto el interés por temas asociados a la vida en el hogar y, al mismo tiempo, promover el estudio de las artes y las letras.

Cuando la publicación cumplió quince años de fundación las directivas se manifestaron ante sus lectoras: “Invitamos cordialmente a toda mujer que desee dar expansión a su espíritu o que tenga algo que comunicar y enseñar, que haga uso de esta revista como cosa propia (…)”. Aunque mantuvo siempre un tinte conservador propio del momento histórico, la revista abrió paso a que algunas mujeres —hoy en día desconocidas— fueran publicadas y reconocidas en el medio cultural de aquel entonces; sobresalen nombres como Simona de Argensola, Rebeca de N. Portes, Elisa Velásquez, María Olózaga y una lista larga de asiduas colaboradoras, cuyos nombres quedaron en la penumbra de la historia.

No todo en Letras y Encajes fue ortodoxo, pues esta publicación ofreció un espacio para las mujeres en el nicho intelectual de la época, en el que por mucho tiempo había imperado la figura de reputados artistas y literatos; fue una revista adelantada y novedosa que hoy en día se ha convertido en una potente fuente de investigación, que se puede consultar de manera física y digital en la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto.

Sin duda fue una revista hija de su tiempo, que entre 1926 y 1959 publicó 394 números, en los que ambicionó ocupar el puesto de honor en la mesa del hogar, con recatados temas femeninos que le otorgaron reconocimiento a nivel nacional e internacional como la primera revista femenina de Medellín al servicio de la cultura.