Archivo restaurado

Universo Centro 040
Noviembre 2012

Sin saberlo un joven de 16 años escribe un diario que servirá para poner a rodar a Rodrigo D. El tedio y las vueltas turbias marcan los primeros días. Los tiempos violentos de su historia llegan hasta la productora Tiempos Modernos que dirige Víctor Gaviria. Ramón Correa entrega su historia para la escaleta de la película. Dejamos las mejores escenas.


Querido diario

Selección y comentarios por IGNACIO PIEDRAHÍTA
Fotografía de Guillermo Melo. Fotofija de Rodrigo D: No futuro

A los 16 años, Ramón Correa llevaba un diario personal. A pesar de su juventud y de su vida azarosa, sus anotaciones tienen la constancia de un astro del firmamento. Sin embargo, esta virtud palidece frente al hecho de que sus palabras estén escritas en clave. “28748c2s q52, b328? 2s4”, por ejemplo, quiere decir en su cifra particular: “Entonces qué, bien? Eso”. Así es como a veces saludaba cariñosamente a su diario, en aquellos días en los que la vida era juego:

Cuaderno No 8
Marzo, 1986

12               Mi
Hoy todo el día por el rancho. Por la noche estuve viendo Academia para mayores que es una obra muy bacana. Allá estuvimos mucha Pipol. Rosita actuó muy bien y ella es muy especial. De subida nos vinimos y cogimos un quieto y qué nota.

Mayo, 1986

28               Mi

Hoy es un día muy colino, por la mañana Paya nos dijo que si le lavábamos la moto y fuimos Mario y yo y nos dimos un vueltón. Luego, como Jailer nos pilló cuando vino lo comentó a Paya nos dijo unas notas y que tal. Nos banderió y yo ah bien. Luego, más tarde todos por el rancho saboteando hicimos un teatro más bien hecho, Chao y Tobón hicieron de a un tiro y yo me hice el muerto, caí al suelo, me llevaron cargado y salió todo el barrio y nosotros muertos de la risa. Todo bien hecho. Ah pocas veces que podemos hacer estas cosas los jóvenes. Gozar nuestra juventud.

Como a cualquier muchacho, a Ramón le gusta oír música, salir al parque con los amigos y jugar basquetbol. Todo el tiempo piensa en las niñas que le quitan el sueño; les hace la visita y les dedica poemas. Ramón no estudia pero le gusta leer. En esos días empieza por segunda vez Siddhartha, de Hermann Hesse. Sin embargo, considera que buena parte de su vida es aburrida: “Por la mañana muy amurado. En la tarde qué amuración tan teza […] por la noche estaba muy aburrido y me fui de vueltón, un man me banderío y le pegué una puñalada”.

***

Los amigos de Ramón empiezan a caer en medio de un remolino de violencia que ellos mismos alimentan, y la muerte busca su espacio en el diario del escritor. Es por esa época, a mediados de 1986, que Ramón comienza a frecuentar la casa de Laureles donde funciona la productora Tiempos Modernos. Un grupo de cineastas quiere hacer una película sobre la vida que llevan los jóvenes de los barrios altos. “Hoy por la mañana fui con Ramiro a Tiempos Modernos y todo bien, le entregué mis tres diarios a Víctor, todo bien. Me puse a jugar remis luego y por la noche por el rancho”.

Septiembre, 1986

5               V

Me dijeron que el Gringo se había muerto. Yo dije: “Ah ya se murió, que más se le va a hacer”. Niño me subió un peto y yo le dije que me iba a ir que en estos días bajaba para que dialogáramos y en esas quedamos. En el hospital, cuando entré sentí algo tan raro, nos separaba una cortina, un rayo de sol que se filtraba me anunciaba que el cadáver estaba ahí. Pensé que ya no había necesidad de entrar, pues se reflejaba la sombra pero no importa, atravecé la cortina y ahí estaba, cubierto por una sábana. Aún pensé que podría ser una equivocación, pero fue cuando me dieron ganas de observar hacia abajo y me di cuenta que los pies eran blancos y dije, este es, ya se ha ido. Le destapé la cara y lo pude observar. Era el gringo quien había cerrado los ojos para no abrirlos innecesariamente. Sentí que me iba a cubrir de lágrimas.

Gringo, ya supiste lo que era la muerte y te moriste, no? Quién es el siguiente? Y por qué? Cualquiera se muere o no?

Pues no podía controlarme, le preguntaba que por qué se había ido y él me miraba de una manera que trataba de hacerme comprender que él nunca movería los labios para contestarme. Que las respuestas a todas mis preguntas venían directamente del alma. A lo último comprendí que lo mejor que podía hacer era salir de allí de esa carnicería. Iba a salir, ya me había limpiado la cara y me puse a pensar en esa teoría que hay de que los muertos observan a quien los llora. Y luego observé que sobre su pecho estaba un papel con la marca del que no volverá.

Hora: 10:30
Nombre: Carlos.
Y muchas otras cosas.
Salí limpiándome las lágrimas.

Chao me preguntó que si sí y yo le dije que sí, que lo había confirmado. Luego nos vinimos Chao y yo en la moto. Pensábamos muchas cosas. Llegamos por el rancho y fuimos a la casa de Don Ramón, reconfirmamos la noticia y yo me fui para la casa, me recosté y me puse a llorar pero comprendí que ya nada podía hacer.

[…]
Luego vi cómo llegaba el carro de la funeraria. Después fui a verlo, luego hice una recolecta y pedimos un ramo. De donde los Correas también mandaron por un ramo. En el de la amistades yo puse: De tus amigos que tanto te estimaron y que nunca te olvidarán. Y toda la noche nos la pasamos bebiendo. No sé ni cuantas botellas nos tomamos. Después nos fuimos Jailer, Fancis y yo a trastiar y nos trastiamos 2 relojes, 21 dólares y 700 pesos. Toda la noche bebiendo y yo ya estaba borracho llorando mucho.

6               S

Hoy amanecí en el volrio del Gringo, muy triste. Fui y me acosté un momento, al rato me levanté y ya llegaba el momento de la despedida. Entramos con él a la iglesia, lo que yo no hacía durante mucho tiempo lo hice hoy por el Gringo. Luego bañados en lágrimas nos fuimos para el cementerio, yo me fui en la moto de la Chinga y entre lágrimas y contorsiones lo dejamos allí. Yo le puse una nota y desgraciadamente el viento no dejó que cayera donde yo quería que esta quedara y me tocó empujarla con el pie pues no quería que nadie más la leyera y ya intentaban cogerla y me tocó hacer eso.

***

Ramón cae preso en Bellavista. Allí pasa todo el 87 y parte del 88. Sin embargo, ni siquiera en esas condiciones detiene la paciente escritura de su diario. Es una época en la que su vida, al igual que su oficio de escritor en ciernes, madura.

Maté el único sentimiento puro en una noche que miré por las rejas del calabozo y la luna estaba llena. Lo estallé en pensamiento. Todo colino me reía viéndolo morir y mi corazón parecía que le echaban más pintura negra. Después cayeron lágrimas que no derramé sobre los hierros fríos. No, creí que era mejor arreglar las cosas sin que mi corazón sangrara. Acabé de ver la película que tanta parte de mí tiene, le cambiaron el nombre.

Muerte
De repente voltié y en el patio un man le pegó una puñalada a Carlos, la sangre salía en chorros, se moría y decía que no lo dejaran morir pero nada ya había perdido.
En algún rincón de este mundo corrupto encontraré calma.

Hay en casi todos los camarotes hechos de madera y cartón unos afiches de chicas de revista Vea, desnudas. Los presos en cualquiera de estos momentos solos, uno cree que esa es la mujer de uno y hay que atenderla. Se pone a viajar la mente y una masturbación afectiva.

Muchas veces estas frases se me quedaban mochas porque el azare era tal que no podía seguir escribiendo. Preso estoy, estoy cumpliendo mi condena, la condena que me pusieron a pagar esos jueces hijueputas. Me acongojo, me avergüenzo y me da pena pero tengo que cumplirla en soledad.

Suicida
Esta vida nos enseña a odiar todo, a desconfiar hasta de la corteza terrestre.

***

Ramón ya no solo cuenta en sus diarios lo que le sucede en la cotidianidad. Por momentos, también se aventura en pequeñas historias en prosa, donde se observa ya una técnica literaria, los primeros pasos hacia el cuento.

Del Cuaderno no. 24
Agenda de Diario de 1987
Sin clave

Desde el día que Juan salió, poco he vuelto a saber de él, al igual que de sus hermanitas Marce y Claudia. La que fuese la mujer de un bandido, el Chacho, el mano derecha de uno de los propios. Lo que me di cuenta fue que el loco en la calle era un toque descontroladín con el tal, que como siempre es un vicio ruín. El pelao en un roce que tuvo con Memo, le botó dizque un fierro y también creo que le falló en un cascado. El Juan, uno de los pelados de los balsos, buen pelao a mi concepto, algunos meses, inclusive bastantes convivimos aquí en el colectivo 41 del 2o patio de esta cárcel h.p., Bellavista. Cocinábamos, fumábamos en la tarde y en la noche hasta quizás estar amuraos empeñados en la platica que quizás nuestros pobres padres con gran esfuerzo nos traigan. Era del combito de nosotros en Bella, ahora ya se llevaron muchos muchachos, Jhon en remisión del 5o, Vladimir libertad, tales en libertad, Nandito en libertad. Prácticamente quedo como siempre he estado, solo y con un criterio definido. Frank es dizque el que convive conmigo, es buen muchacho pero como todos los carones son cansones, ahí, mas sin embargo, lo tengo conviviendo desde que bajó de la Guallana hace ya más de un año. Ahora de una manera u otra es un compromiso como amistad que convive conmigo. Algunas veces tenemos pequeños sinsabores, no sé pero me parecen bastante feas las discusiones entre los que convivimos. Eso no debe existir pues maricamente llega a molestar sicológicamente hasta el punto en que uno en más de un momento piensa que a uno se le va pegar el compañero y también le dan a uno ganas de pegársele porque uno sabe que ambos son hombres, es necesario que halla algo para que lo impida como en muchas ocasiones en que hemos tenido que admitir que el que las cuchas nos representan algo, él me lo dicho a mí y yo a él, por tu cuchita no invito a que nos cojamos vos y yo igualmente camarada. Hoy sucedió eso, pero todo bien. Quieto que sereno.

Llovía fuertemente por la calles de Medellín, era un sábado como cualquiera, sólo que aquel día, en cualquier lugar de esta maquiavélica ciudad, alguien hacía una llamada telefónica tratando afanosamente de localizar a un hombre que podía darle un poco de tranquilidad a su vida de delincuente y de paso podía ganarse algunos pesos.
—Aló, aló
El teléfono parecía no estar de acuerdo con lo que él pensaba hacer, pues no accedió de inmediato a las súplicas que aquel hombre, Carlos Correa, hacía afanosamente por obtener una respuesta. No quizo seguir insistiendo pues parecía que estaba de prisa, buscó en una tarjeta telefónica que tenía a su alcance y marcó un número diferente. Esta vez obtuvo resultados muy positivos.
—Hola, con Alex?
—Sí, con quién?
—Qué tal socio, hablas con Quintana
—Qué más viejo, qué necesitas?

—Sabes, acabé de recibir la información de que el Mocho se encuentra de romántico con su novia en la fania. Se encuentra solo y en una 500 gris, tienes herramientas?
—Sí, aquí tengo un changón y un treinta y ocho en perfectas condiciones.
—Vas a ir con Juan? O con quién?
—Sí, iré con él. Más tarde te llamo, Carlos, para informarte qué sucedió.
—Suerte, ya sabes, son ochocientos.
—Lo sé, lo sé Carlos y todo saldrá bien.

Soltó el teléfono y cogió una chaqueta del closed, se la colocó, luego se dirigió hacia un cajón que había debajo de su cama, sacó una caja que tenía balas Dun.Dun. También había un changón y un treinta y ocho. Los revisó y cargó la pistola quitándole las balas sencillas y colocándole Dun.Dun, balas especiales. Volvió y guardó el cajón, tenía una calma envidiable para aquellas ocasiones, prendió un cigarro y cuando se dirigía a la puerta, su mamá le preguntó:
—Hijo, para dónde vas?
—Voy a llamar a Juan, ya vengo.

***

Antes de ir a prisión, Ramón va de paseo con Víctor Gaviria a Liborina, el pueblo de donde son oriundas las familias de ambos. Allí, por fumar marihuana en la calle, lo meten a la cárcel: “Qué belleza de cárcel –dice–. Muy aseada, pocos presos, bien vestidos, todo bien”. En el 88, después del paso por Bellavista, Ramón es remitido a una de sus aseadas cárceles pueblerinas, en Fredonia. Allí se vuelve más reflexivo. El retiro geográfico lo hace sentir aún más lejos de lo que prometía ser su vida.

Aquí todo bien en esta nueva cárcel. El desayuno arepa con pan, comestible, no aguamasa como en Bellavista. Yo me hice inscribir para entrar a estudiar carpintería ya que aquí da un curso el Sena. A las doce almuerzo sancocho con claro, bendito. A las doce salimos de estudiar.

Empecé a dialogar con varios internos. Había gente con cara de azarosos pero mí no me azaraban, yo venía como hombre y con eso gano.

[…]

He visto recortes de Rodrigo D No futuro. Ahí mismo llegan los recuerdos, con una risa sarcástica se ríen de mí, aquí donde se vive entre fafarachosos. Gente bien, mal, peores y salvajes. La lucha es por sobrevivir ya que hay un triunfo imaginario lleno de fantasías, de ego.

Sí, algún momento le robo a la vida la calma.

Recuerdo cuando era un niño. Recuerdo los camping, sólo ahí supe lo mucho que valía la libertad. O con los locos que camellé la película de paseo. Cuánto nos cambia la vida, cuántas amistades han caído. Tras una búsqueda del rey dinero… qué falla. Pero indudablemente el mundo marcha como debiera ser gústenos o no, así de sencillo.

Un día en mi celda, la que la sociedad me asignó, miré a través de mi única ventana. Allá encima de mi cabeza pude ver un lucero que brillaba en su luz. Sentí un contacto con toda la humanidad y con todo el universo y mi corazón se alegró porque brilló para mí en esta puta celda.

Ramón fue asesinado en enero del 91, poco más de seis meses después de llegar del Festival de Cannes, adonde fue invitado como coguionista de la película Rodrigo D: No futuro. Si hubiera podido escoger una última y breve anotación en sus cuadernos, seguramente lo habría hecho de manera directa y sin solemnidad, como era su mirada ante la propia muerte. Ya antes se había despedido de su diario, como si no fuera a volver:

Después, a las 10 p.m. me acosté, suerte recolector de mi vida.