Cuando a Medellín le salieron árboles

por DIEGO MOLINA // Los primeros árboles que se sembraron en Medellín, según fuentes escritas, fueron unas ceibas (Ceiba pentandra) que Gabriel Echeverri (colonizador antioqueño y fundador de Caramanta) hizo traer hacia 1857 desde las riberas del río Cauca, y que, posteriormente, mandó plantar en la avenida derecha de la quebrada Santa Elena.

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Gallinazo domesticado

por MAURICIO LÓPEZ RUEDA // “¿Qué, un gallinazo amaestrado?, ¿cómo así?”. “Que sííí, que acá tenemos gallinazo propio. Lo adoptó Rogelio, lo amaestró. Se llama Mocho porque le falta una uña”, me contó aquella vez con esos ojos que él tiene, grandes y saltones como dos canicas gordas a punto de salir disparadas por los aires.

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El fin tendrá nombre

por SANTIAGO RODAS // Algún día no muy lejano el valle del Aburrá estará cubierto por un manto compacto y vegetal, verdoso en sus tallos y de fluorescencia anaranjada, fulgurosa, con núcleos negruzcos y chiclosos en el interior de cada flor madura. No habrá edificio que no esté forrado por el velo ni árbol ni calle ni iglesia ni tienda ni placa deportiva. Será inevitable su propagación natural sobre las ruinas y los escombros.

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Vuelta por el universo

por IGNACIO PIEDRAHÍTA // La geografía de Medellín dirige de esta manera parte de nuestras búsquedas y placeres. Los alrededores de la ciudad se han hecho atractivos para coger un poco de aire. Sentirse por fuera del fondo del valle nos da la idea de salirnos temporalmente de nosotros.

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Rokil

por JULIO CÉSAR DUQUE CARDONA // Uno siempre cree que tiene en su casa a una sola rata; mentiras, pueden ser varias. Uno cree que es una cucarachita; mentiras, es un nido entero. No te fíes si ves un solo zancudo, alrededor tuyo deben volar por decenas. Azuzados por el terror e inspeccionando su ruta de alimentación, concluimos que el nido estaba tras el horno.

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Las fieras del barrio

Tras los muros del Parque de la Conservación, antiguo zoológico de Medellín, encontramos un bestiario de tragedias. Aquí van cuatro historias a pelo y pluma.

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Las curvas que perdiste

por IGNACIO PIEDRAHÍTA // Sabemos que no viniste al mundo canalizado, naturalmente. En vez de andar derecho y tan envarado como en la actualidad, te contoneabas con ritmo por el fondo del valle. Tenías la lógica ondulante del pensador que se atreve a dudar de sí mismo. Te movías sinuosamente formando playas y recodos en los que tu gente pescaba, lavaba ropa o se echaba a contemplar.

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Medellín hace aguas

por IGNACIO PIEDRAHÍTA // Las quebradas son el rasgo del paisaje que mejor refleja el carácter ambiguo de los naturales de la ciudad. Amables y confiadas en su trato, pueden ser arrebatadas y violentas cuando se lo dictan sus más enquistados principios.

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