CAMBIO DE FRENTE
El fútbol según Universo Centro
1966
El mundial de Inglaterra
Gol fantasma de Inglaterra contra Alemania en la final del 66. Tomada de www.as.com.
No había pasado mucho tiempo desde que las civilizaciones del planeta conocieron la magia moderna, un sistema de transmisión de información en imagen y sonido al que se llamó televisión.
Para 1966, año del mundial de Inglaterra, los colores en la pantalla eran todavía una mejora tecnológica incipiente que empezaba a popularizarse entre los creadores y los consumidores, mientras que contenidos como los eventos deportivos eran un entretenimiento reservado principalmente para las tribunas.
Entre tanto, el sistema satelital de televisión, o la transmisión vía satélite, había empezado a cambiar la manera en que la humanidad se conectaba. Con esta innovación, que se consolidaría en 1962 gracias al lanzamiento y la activación del famoso satélite Telstar, como puente de retransmisión, las señales de televisión podían llegar a cualquier parte del globo.
Y si bien el mundial ya alcanzaba la categoría de evento ecuménico, los costos de producción y el despliegue logístico que implicaba llevar a los hogares de cada rincón del planeta en tiempo real, los detalles de la fiesta del balón, no se compadecían con el retorno obtenido. Sin embargo, los británicos, que pretendían hacer de su copa una edición bisagra, apostaron en grande: le encomendaron a la BBC la comunicación de la competencia, para que las familias de las islas y de todas las latitudes pudieran conocer lo que ocurría en Wembley y en los otros estadios. La decisión cambiaría para siempre la manera de consumir fútbol. Cuatrocientos millones de personas siguieron la final por tv. Los jugadores, que hasta entonces podían ir de vacaciones tranquilamente a cualquier país, pasaron a convertirse en ídolos universales.
Inglaterra salió campeón con honores y una mancha. Recibió su primer gol en el minuto 82 de la semifinal. Ganaba con lo justo, ganaba bien. Pero en la final con Alemania hubo sombras. Un remate de Geoff Hurst a pica barra dejó todas las dudas. La pelota levantó cal pero la terna lo validó como gol. Corría el minuto 101 en la prórroga. El azerbaiyano Tofiq Bakhramov fungía de juez de línea, el árbitro suizo Gottfried Dienst vino a consultarle y el asistente le dio el sí con vehemencia. Reclamos, gritos, llantos… Apelación a los infiernos.
El línea Bakhramov murió en 1993 y en el estadio de Bakú, capital de Azerbaiyán, una estatua suya cuida la entrada. Tiene el aire de la gesta soviética y parece señalar un penal. Dicen que luchó dos veces contra los alemanes, una en Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial y la otra en Wembley en el 66.
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